Viaja en motorhome: es de Pergamino pero la música lo llevó a lugares impensados y lo salvó de la tristeza de una separación
Desde Villa de Mayo, provincia de Buenos Aires, Manu saluda y enseguida baja el volumen de su voz para no interferir con su faceta de padre. Como en cualquier hogar, la vida se desarrolla con sonid...
Desde Villa de Mayo, provincia de Buenos Aires, Manu saluda y enseguida baja el volumen de su voz para no interferir con su faceta de padre. Como en cualquier hogar, la vida se desarrolla con sonidos y pequeñas rutinas, la diferencia es que esta casa es un motorhome, los sonidos suelen salir de una guitarra y las rutinas son tan cambiantes como las geografías que Manuel recorre a bordo de Apolo. Sí, su vehículo tiene el nombre del Dios del arte para los griegos y puede que tenga su energía.
Cuando finalice una gira por España con la música que compone en inglés y español, su plan es volver para continuar con su recorrido por Argentina en forma intermitente, llevar conciertos íntimos a los lugares más recónditos, a pueblos pequeños a los que rara vez llega la música en vivo y que ahora ocurren dentro del motorhome. Desde que se separó, tuvo que organizarse en torno a una nueva configuración familiar de las cosas.
“No es la vida que yo quiero vivir, yo quiero vivir viajando”Creció en Pergamino. Sus padres eran de la ciudad de Buenos Aires, pero por cuestiones laborales se trasladaron a la “Perla del Norte”, ahí cursó el colegio y ahí recuerda que sintió unas ganas intensas de cruzar límites y probarse a sí mismo. Ese fue su punto de partida para empezar a viajar. Hawaii fue su debut y tan mal no le fue, consiguió trabajo como carpintero, jardinero y hasta como obrero. Se adaptó al calor tropical y después pasó medio año conociendo otros lugares. Realizó viajes por Australia, África y Nueva Zelanda, con trabajos de temporada y voluntariados. Por aquella época, volvía cada tanto a la Argentina para cumplir con el precepto familiar de estudiar. Eligió producción musical porque era una carrera vinculada con lo que más le gustaba pero lo hizo en años salteados. No se sentía cómodo en la gran ciudad, la energía de Buenos Aires a veces se ponía densa, así que la abandonaba sin culpa cada vez que podía. Ahorraba y se quedaba fijo en algún lugar con bajos costos y salario en dólares.
En una de las giras por el norte argentino, se fue dos semanas a Cusco, Perú, y la ciudad antigua dejó su huella.
—Hice un retiro espiritual con ayahuasca y pude conectarme también con mis intereses más profundos, y dejar de de vivir la vida que la sociedad o mis viejos, o mi círculo más cercano, querían para mí. Mis viejos pensaban que yo en algún momento iba a formar una familia y me iba a poner a trabajar en algún lado fijo, y yo hice todo lo contrario, volví y les dije: “No es la vida que yo quiero vivir, yo quiero vivir viajando”.
Les costó aceptarlo pero después de un cortocircuito vieron que la decisión iba en serio y lo terminaron entendiendo.
—Estudié música de chico, pero empecé a componer de grande, muy inspirado en los viajes que hacía. En Buenos Aires, toqué y grabé mi primer disco.
Los viajes cambiaron, más canciones y covers que trabajos de temporada, ya era parte de un circuito ligado a la música. En principio cantaba en cafés y centros culturales y después algunos teatros como el Margarita Xirgu, con artistas reconocidos o como solista, los aplausos le llenaban el corazón. Dedicó su energía a la música pero también encontró espacios que le dieron tranquilidad cuando no iba a tocar. Con el surgimiento de las redes sociales empezó a generar contenido. Le salía bien, se especializó en fotos y videos, y como consecuencia llegaron los sponsors. Las marcas de cerveza y ropa, fueron una manera alternativa de financiar sus viajes. Considera que viajar es un estilo de vida. Ni un sueño ni un propósito: una elección.
—Lo que sí, obvio, viajar no es todo color de rosas, como lo pintan hoy las redes sociales, no sé si es que tiene un lado B, sino que tiene lo positivo y lo negativo, como tiene cualquier estilo de vida. Así como una persona elige irse a una ciudad, o irse a otro lugar, hay gente a la que le gusta vivir en el centro, gente que disfruta vivir en un lugar más verde. A mí me gusta vivir cambiando mi destino todo el tiempo.
Una primera van a Alaska y nuevos tripulantesCon su primera van, un camper a la que le colocó un piano vertical, llegó a Alaska y empezó a bajar hacia el sur. Filmó lagos turquesas, caminos nevados, atardeceres rojizos que fueron imágenes de sus videos, en conexión con la naturaleza. Al principio solo, después de a dos, Manu pasó de tomar todas las decisiones a debatir y acordar con una viajera especial que eligió tomar las mismas rutas para seguir la relación. Durante un tiempo todo fluyó, ambos tenían proyectos artísticos, él músico, ella escritora, organizaban conciertos y lecturas: juntos se potenciaban. Un embarazo celebrado en plena pandemia, un parto mágico, la belleza de compartir las sonrisas, los primeros pasos y crecer juntos en medio de la vegetación desbordante de México o de Costa Rica. Para su hija, escribió la canción Bienvenida al viaje, cuando ella nació. “Nos vamos de viaje. Lo que nos va a importar no será el destino, sino caminar”.
—Nosotros vivíamos una vida itinerante. Entonces fue la canción para dar la bienvenida a este estilo de vida nómada. Y a nuestra vida.
Pero después de un tiempo con su pareja eligieron probar la estabilidad y para eso fue necesario soltar al compañero de aventuras.
—Queríamos empezar un proyecto cultural y estar cerca de la familia. Y cuando volvimos, necesitábamos un poco de los medios económicos para poder asentarnos y tuvimos que vender el motorhome. Eso fue algo que quisimos hacer, obviamente hubiéramos preferido no tener que hacerlo, pero necesitábamos asentarnos económicamente y lo vendimos.
Sobrevino una etapa oscura que cubrió su inspiración coincidente con el quiebre de la pareja.
—Fue un periodo en el que yo por ahí me sentí como desencontrado de mí mismo. Primero obviamente el dolor y lo difícil de cada separación y después empecé de a poco a tomarlo como una oportunidad de volver a encontrarme conmigo, con lo que yo quería hacer, empezar a sanar a través de volver a mis bases y a encontrarme con las razones por las que yo había arrancado a hacer música.
El bloqueo artístico no le permitió escribir canciones a lo largo de casi un año pero de a poco las canciones fueron apareciendo, como una catarsis. Así como hay gente que va al psicólogo o hace terapias alternativas, habla con sus amigos o con su familia para poder entender y sanar, Manu dice que a él lo salvaban las canciones.
—A mí siempre las canciones me sirvieron para expresarme y también para entenderme a medida que yo compongo una canción. Por ahí voy tirando palabras y frases que después yo leo lo que escribí o lo que canté y entiendo mucho qué es lo que me está pasando..
Los primeros meses no tenía dónde vivir, tampoco la inmovilidad era para él, así que se quedaba en casa de amigos, en hoteles, o departamentos alquilados. Le prestaron una casa de campo deshabitada y pasó un tiempo en otra casa en construcción, sin muebles ni heladera. Hasta que se reencontró con Apolo.
Una separación, el reencuentro con su motorhome y una manera diferente de pagarlo—El día que me separo, me escriben los nuevos dueños del motorhome y me dicen que querían ponerlo en venta porque se les habían truncado un poco los planes de viajar. Yo obviamente le dije: “No, o sea, olvídate, no puedo, no tengo el dinero”.
A cambio les ofreció contactarlos con las personas que habían querido comprarlo en su momento pero a la semana lo volvieron a llamar y le dijeron que preferían que volviera a ser suyo, que se lo podían financiar porque el dinero no era un problema.
Empezó a pensar y se le ocurrió hacer conciertos en el bus para pagarlo en cuotas. Las señales le indicaron que era el camino.
—Le planteé a los chicos, a los dueños del bus si les parecía bien y me dijeron que sí. Lo más loco fue que ellos se habían asentado en Salta y cuando me dijeron de comprarlo, yo ya tenía pasajes para ir a Salta, para un proyecto que se había cancelado. Los pasajes me habían quedado. Entonces fue como todo muy loco, lo terminé usando para ir a buscar el colectivo.
—Son conciertos íntimos los que estoy haciendo ahora, para diez, doce personas, donde yo canto mis canciones, preparo una comida, una bebida y charlamos. A medida que voy cantando, cuento un poco de dónde salieron las canciones y los viajes que hago. Y de eso se tratan, un poco, los conciertos en el bus.
Una distribuidora de picadas se convirtió en el primer sponsor. “Una picada de lujo”, con salames y quesos de todo el país que le mandan en una caja para cada semana, entonces Manu la prepara y mientras la gente come, charlan y canta sus canciones.
Manu Pozzi es un hombre que tiene alineados mente y su corazón. Las sincronicidades, la gente, las cosas, los medios o para continuar su camino aparecen cuando lo precisa. También el aprendizaje. Hoy son los conciertos íntimos, la cercanía con el público. Mañana, es una incógnita que está dispuesto a develar.
—Por el momento no me planteo volver a hacer teatros o giras en lugares más tradicionales, sino que estoy queriendo hacer esto, no me veo estableciéndome pronto. Pero, siempre, incluso ahora ya no estando en pareja, pienso en las maneras de cómo poder viajar y tener una paternidad presente. Poder tener alguna manera de ir y volver todo el tiempo. Por ahí es más cansador, pero bueno, también es el esfuerzo que quiero hacer para poder estar acá.