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Rachel Ward y Bryan Brown: la historia de amor que nació en el set de El pájaro canta hasta morir y ya lleva 40 años

Se conocieron interpretando a un matrimonio atravesado por la pasión y el conflicto. Pero lo que comenzó como ficción rápidamente se transformó en una historia real que ya lleva más de cuatro...

Se conocieron interpretando a un matrimonio atravesado por la pasión y el conflicto. Pero lo que comenzó como ficción rápidamente se transformó en una historia real que ya lleva más de cuatro décadas. La relación entre Rachel Ward y Bryan Brown es, aún hoy, una de las más sólidas y admirables de la industria del entretenimiento.

Juntos desde 1982, los actores coincidieron en el rodaje de El pájaro canta hasta morir, serie que no solo los catapultó a la fama sino que les dio una familia. Dicen que “los opuestos se atraen” y la historia de ellos lo confirma: ella fue criada en la alta sociedad británica y él en un entorno trabajador en Sídney, Australia. Lejos de separarlos, esas diferencias se convirtieron en el motor de su vínculo. Ward encontró en Brown valores firmes y una calidez que la conquistaron y él destacó la complicidad, el humor y la naturalidad que compartían.

Hoy, cuatro décadas después de aquel flechazo, los actores viven en una granja en Nueva Gales del Sur, donde llevan una vida tranquila y conectada con la naturaleza. Mientras que Ward se volcó con fuerza a la dirección y a su proyecto de agricultura regenerativa; Brown continúa vinculado a la actuación y escribió una novela.

“El yin de mi yang”

Sus caminos se cruzaron en el año 1982 en pleno rodaje de El pájaro canta hasta morir, una historia de amor atravesada por la religión y los mandatos sociales. Este clásico televisivo, basado en la novela homónima de Colleen McCullough, estaba ambientado a principios del siglo XX y narraba el romance tortuoso entre un ambicioso sacerdote católico (Richard Chamberlain) y una jovencita llamada Meggie (Rachel Ward) que termina buscando consuelo en el capataz de la hacienda (Bryan Brown).

Mientras que en la pantalla la relación entre este matrimonio se veía fría y con muchos conflictos, fuera del set la química entre ellos era innegable. Por ese entonces, Ward era una joven británica que estaba dando sus primeros pasos en la actuación y Brown un actor australiano con una carrera ya establecida. A pesar de que sus mundos eran completamente opuestos, el flechazo fue inmediato. “Cuando le di la mano por primera vez, sentí algo muy fuerte. Como una extraordinaria sensación de alivio. Fue como si él fuera el yin de mi yang”, recordó Ward años después sobre ese primer encuentro en el set.

Para Brown ese día no fue muy diferente. “Me enamoré de ella casi de inmediato. Tenía una presencia increíble, era distinta a todas las personas que había conocido”, confesó el actor que le leyó la mano en el set y predijo con precisión que Ward tendría tres hijos. “Sí, lo dije, ¡pero no dije que serían míos!”, bromeó. Es que, en un primer momento, dudó en involucrarse con su compañera de trabajo, sopesando las consecuencias de si todo salía mal. “Era lento como una tortuga. Se tardaba una eternidad. Creo que probablemente fui yo la que di el primer paso”, reveló la actriz en el ciclo Sunday Night de Seven Network.

Un casamiento en nueve meses

Esa conexión inevitable fue el punto de partida de una relación que avanzó con rapidez. Tanto que a los nueve meses ya estaban pasando por el altar. “Todo sucedió muy rápido, pero también se sentía correcto. Había algo muy genuino entre nosotros”, contó Ward que, si bien en un principio dudó, finalmente aceptó la propuesta de casamiento.

Para el actor también fue algo sorpresivo. Criado por una madre soltera, Brown jamás se había planteado sentar cabeza hasta que Ward apareció en su vida. “Recuerdo haber hablado con mi hermana antes de conocer a Rachel y decirle: ‘Probablemente nunca nos casemos porque venimos de un hogar desestructurado’. Si no has visto que algo funcione, no lo vas a repetir”, explicó quien hasta el momento nunca había pensado en el matrimonio. “Tenía 34 años cuando conocí a Rachel; ella tenía 24. No esperaba conocer a alguien y casarme. Así que simplemente estaba disfrutando de la vida, contento de tener esta oportunidad de actuar”, recordó.

Sin embargo, esta mujer cambió su perspectiva y, al cabo de unos meses, le estaba haciendo la gran pregunta. “Me lo preguntó muy rápido y le dije: ‘No lo sé, ¿no me lo podés preguntar más tarde?’. Me respondió: ‘Quizás no’. Así que dije que sí. A esa edad, no te das cuenta de lo larga que es la vida. Ya había vivido en Nueva York y en Los Ángeles, y pensé: ‘Australia suena interesante’“, contó Ward por su parte.

Lo que la actriz no reveló es que este galán le pidió la mano después de una fuerte pelea. “Estaba en Londres para rodar Give my regards to broad street con Paul McCartney. Rachel me acompañó. Nos tomamos una semana libre para ir a Irlanda y tuvimos una gran discusión. Pensé que si íbamos a discutir así era mejor que nos casáramos”, relató el actor.

En abril de 1983, los actores sellaron su amor con una boda íntima en la capilla de Cornwell Manor, en Oxfordshire, tierra donde Ward había crecido. Lejos del glamour de Hollywood, dieron el sí en una discreta ceremonia a la que acudió su círculo más cercano. “Tuvimos una boda pequeña, no más de 50 o 60 personas, y fue muy alegre”, reveló la pareja. Sin dudas, este gesto marcó el tipo de vida que querían construir.

El mismo sentido de la privacidad se reafirmó cuando la pareja tuvo a sus tres hijos: Rosie, Matilda y Joe, a quienes les inculcaron la importancia del trabajo duro, la empatía y la pasión por la actuación. De hecho, los tres siguieron sus pasos y han participado en reconocidos proyectos. Mientras que Matilda es conocida por su trabajo en Lessons from the Grave, How God Works y Let’s Talk About, título que también compartió con su hermano Joe, Rosie trabajó en Black Mirror, Inside No. 9 y Gangs of London. Matilda también se dio el lujo de trabajar con sus padres en la película Palm Beach, protagonizada por Brown y dirigida por Ward.

“Una socia excepcional”

A lo largo de estos años, Brown destacó las cualidades que hacen de Ward una socia excepcional. Elogió su amabilidad, su sentido del humor y su apoyo inquebrantable, asegurando que ella es la “piedra” que mantiene unida a su familia. Cuando se le preguntó qué consejos tenía para que un matrimonio durara tanto tiempo, el intérprete bromeó: “Dile que sí a tu esposa todo el tiempo, y si algo sale mal, di ‘es mi culpa’. Si los hombres entendieran eso, serían más felices”.

Su esposa le devolvió el gesto y reveló por qué lo eligió para tener una familia. “Tiene un sentido completo de sí mismo. Sabe exactamente dónde está parado, cuáles son sus valores y sus creencias: tiene confianza total. Y todo eso viene de su madre”, expresó. “Me considero extremadamente afortunada, la verdad. Ni siquiera sabía en qué me estaba metiendo. Pero cuando esas nubes de lujuria y romance se despejaron, descubrí que era un ser humano decente y maravilloso. Un hombre honorable”, agregó enamorada.

Las diferencias: el gran motor de su amor

“Éramos completamente opuestos. Crecí en un mundo muy hedonista y no tenía claro cuáles eran los valores de mi familia. Mi padre votaba por un sistema que lo beneficiara, nunca por uno que sirviera a la sociedad. Así que, cuando conocí a Bryan, tenía valores muy sólidos, heredados de su madre, de ser católico y de votar por el Partido Laborista; era un hombre muy moral y eso me encantó”, explicó Ward.

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Esas diferencias que podrían haberlos separado terminaron siendo, en cambio, uno de los pilares de su vínculo. “Él estaba sumamente confiado y tenía tanta fe en sí mismo. Y yo quería eso. Me encantaría estar tan segura de todo, tan segura de su política. Él estaba seguro de su moralidad. Yo no tenía nada de eso. Crecí en un mundo tan extraño e inmoral. Así que cuando él apareció, representaba algo tan diferente. Definitivamente sabía lo que estaba bien o mal. Hollywood es muy despiadado, ambicioso. La gente hará cualquier cosa para conseguir lo que quiere, entonces mantener los valores en ese momento y comportarse bien era todo. Yo simplemente vi esa fortaleza en él”, repitió hace unas semanas en el streaming No Filter with Kate Langbroek. El humor también fue clave a la hora de sostener la relación: “Siempre nos hacemos reír”, agregó.

A más de 40 años de aquel primer apretón de manos, la pareja sigue apostando a la vida en común. “No hay un secreto, simplemente seguimos eligiéndonos”, sintetizó Brown. Ward, por su parte, lo resumió con una frase que refleja el espíritu de la relación: “Tuvimos suerte, pero también trabajamos mucho para que esto funcione”.

De los sets a liderar una granja View this post on Instagram

Con el paso de los años, la pareja tomó una decisión que marcaría un cambio profundo: dejar atrás el glamour de las alfombras rojas para instalarse en una granja en Nueva Gales del Sur. Allí, combinan el trabajo rural con proyectos creativos y ambientales. “Me siento más realizada que nunca y no me arrepiento de haber dejado atrás mi juventud y mi belleza. No soy joven, pero soy muy feliz”, expuso Ward, quien hace años dejó la actuación para dirigir un establecimiento en el valle australiano de Nambucca que cuenta con 350 cabezas de ganado vacuno.

Mientras que su tarea como granjera y su proyecto Farmthru (que trata sobre la agricultura regenerativa) pueden verse en el documental Rachel’s Farm, Bryan siguió actuando y publicó una novela. A su vez, ambos disfrutan del mejor rol que la vida les pudo regalar: ser abuelos. De hecho, la actriz suele compartir en sus redes cómo disfrutan con sus nietos de muchas actividades: la jardinería y los caballos parecen ser sus favoritos.

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“Los años posteriores deben ser exaltados y bienvenidos. Ya verán cuando lleguen. Tienen tantos otros dones que ofrecer que uno no tiene idea de cuáles son hasta que los vive”, dijo la intérprete de títulos como El poder y la pasión sobre la sabiduría que trae el paso del tiempo.

“Es increíble pensar que Rachel y yo llevamos más de 40 años de casados. No se puede subestimar la enorme repercusión que tuvo el programa en todo el mundo. Sean cuales sean las oportunidades de trabajo que surgieron de eso, siempre le estaré más que agradecido por mi matrimonio y mi familia”, le dijo Brown a The Mirror en referencia a todo lo que le dio El pájaro canta hasta morir.

La complicidad de los comienzos y la admiración mutua siguen siendo el sostén de esta historia que ya lleva 44 años. Una historia que desafió lo efímero y continúa siendo un ejemplo de amor duradero, construido a partir del respeto y la decisión de elegirse todos los días.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/personajes/rachel-ward-y-bryan-brown-la-historia-de-amor-que-nacio-en-el-set-de-el-pajaro-canta-hasta-morir-y-nid22042026/

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