Opinión. La ilusión del boom: por qué la ganadería no está creciendo
En los últimos 10 años, desde 2015, la ganadería argentina atravesó tres momentos de boom de precios y un fuerte salto exportador. Los valores actuales —tanto internos como externos— se ubi...
En los últimos 10 años, desde 2015, la ganadería argentina atravesó tres momentos de boom de precios y un fuerte salto exportador. Los valores actuales —tanto internos como externos— se ubican entre los más altos de la historia reciente. Sin embargo, cuando se analizan los datos productivos en perspectiva, la conclusión es clara: no hay un boom ganadero.
La oferta anual de carne promedió 3,037 millones de toneladas en la última década, con un desvío de apenas 6,8%. Es decir, el sistema produce prácticamente lo mismo año tras año.
El máximo de la serie se registró en 2023 en plena sequía, mientras que el mínimo fue en 2016, con 2,64 millones de toneladas, coincidiendo con un crecimiento del stock superior al millón de cabezas. Incluso el último año, cuando muchos hablaron de reactivación, la oferta se ubicó apenas 3,8% por encima del promedio.
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El gran cambio estructural se dio en las exportaciones. Entre 2015 y 2019 crecieron 450%, pasando de 153.000 toneladas a 843.000. En términos relativos, las ventas externas saltaron del 5,6% al 27% del volumen ofertado. Fue un boom comercial contundente, pero no vino acompañado de un aumento equivalente en la producción total. Se exportó mucho más, pero no se produjo mucho más.
El stock bovino promedió 53,7 millones de cabezas en el período analizado. Las variaciones estuvieron explicadas principalmente por factores climáticos. La reciente caída superior al 1,3% no implica liquidación masiva, pero tampoco expansión. Además, vuelve a confirmarse que una tasa de extracción apenas superior al 25% actúa como punto de equilibrio del rodeo nacional.
En 2025, la faena de vacas cayó respecto del año anterior, pero el stock de esa categoría disminuyó aún más. La explicación no fue una mayor liquidación, sino una menor reposición efectiva. Se trata de un sistema ajustado, no expansivo.
El peso promedio de faena aumentó apenas 3% en 10 años. Sin embargo, los últimos datos muestran un crecimiento por tercer año consecutivo: 229 kilos en 2025 y 236 kilos en 2026 (de consolidarse el primer trimestre).
Los altos precios del gordo permiten mejorar el margen por kilo producido, la brecha entre livianos y pesados se redujo y el alto costo de reposición obliga a cargar más kilos por animal. Es una reacción económica racional frente a precios altos, no una revolución productiva.
En el caso de la vaca, el clima explica buena parte de las variaciones. Durante la sequía del primer trimestre de 2023 el peso promedio fue de 219 kilos; en el último trimestre alcanzó 240 kilos, 21 kilos adicionales por mejora forrajera.
La producción en cabezas también muestra estabilidad. El promedio fue de 13,19 millones de animales, con un desvío de apenas 3,7%. El máximo se registró en 2022 (14,4 millones) y el mínimo en 2016 (12,76 millones). El último año mostró una recuperación en la producción neta (faena más/menos variación de inventario), pero sin romper la meseta estructural.
En materia reproductiva, el indicador ternero/vaca viene creciendo desde 2008 a razón de 0,6% anual promedio. El último dato mostró casi un punto porcentual de mejora interanual. Es un proceso sostenido y positivo, aunque gradual.
Mientras tanto, el consumo interno cayó más de 10 kilos en la última década: de 59,4 a 49,3 kilos por habitante por año. El mercado interno perdió capacidad de tracción en volumen, mientras que la exportación pasó a sostener buena parte del valor.
Los precios actuales son extraordinarios. El valor promedio de exportación fue de US$3785 por tonelada, ubicándose recientemente 42% por encima del promedio. Hubo picos superiores a US$4000 por tonelada en 2015-2017, entre 2021 y 2022 y nuevamente desde mediados del año pasado. En el mercado interno, febrero y marzo marcaron récord absoluto en pesos constantes y en dólares libres constantes.
Además, la estructura productiva muestra concentración. El número total de establecimientos cayó 18% en la década, mientras que la hacienda total apenas disminuyó 4%. Los establecimientos con menos de 250 cabezas se redujeron 24% y su stock cayó 31%. En cambio, los de más de 1000 cabezas crecieron 16% y aumentaron su hacienda 14%. Hay eficiencia y escala, pero no expansión generalizada.
Un boom ganadero implicaría un crecimiento sostenido del stock, un aumento significativo de la producción total, una expansión estructural del sistema y una faena muy cercana a los 12 millones de cabezas. Nada de eso ocurrió. Lo que existe hoy es una etapa particular: menos cabezas, menor faena de hembras, más kilos por animal y precios históricamente altos.
Es un esquema que sostiene valores elevados sin deteriorar la base del sistema, pero que aún no logra transformarse en una expansión productiva. Por ahora, el boom es de precios. La producción sigue en meseta.
El autor es asesor ganadero de Econoagro