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Milei, entre el riesgo Mamdani y el teorema Mirtha

“Como te ven, te tratan. Si te ven mal, te maltratan”. El teorema Mirtha Legrand para la carrera laboral también vale para pensar la confrontación política entre mileísmo y oposición kirch...

“Como te ven, te tratan. Si te ven mal, te maltratan”. El teorema Mirtha Legrand para la carrera laboral también vale para pensar la confrontación política entre mileísmo y oposición kirchnerista que escaló en las últimas semanas. La coreografía de la previa electoral viene respondiendo a ese ritmo legranista. Sobre el problema de la morosidad y la caída del poder de compra, el kirchnerismo ve una ventana de oportunidad electoral justo cuando creía que estaba todo perdido. Las encuestas que confirman un descenso de la imagen presidencial también les sirve como dato inspirador. El guión dice así: ante la ortodoxia mileísta en problemas, la salida es el regreso a las fuentes heterodoxas del kirchnerismo.

Del noviembre de victoria electoral a este presente, ha corrido mucha agua bajo el puente del triunfo mileísta. Con todo para consolidar su hegemonía temporaria, el Gobierno hizo lo contrario, lo de siempre: caer en errores políticos que habilitan ensoñaciones opositoras. Otra vez la danza mileísta: un pasito para adelante, y unos cuantos más para atrás.

En ese escenario, el kirchnerismo encuentra certezas: ve en los problemas del Gobierno una demostración de un nuevo fracaso histórico de la visión ortodoxa de la macroeconomía. Una oportunidad recargada para salir en busca de la recuperación de la legitimidad perdida. En el frente global, hay una lectura que refuerza esa pretensión: las noticias políticas que produce Zohran Mamdani, el alcalde demócrata socialista de Nueva York, le da letra al kirchnerismo para volver a creer que la heterodoxia económica es la salida. Controles de precio, intervención en mercados clave, subsidios en servicios públicos, subas impositivas anti ricos: el kirchnerismo se ve a sí mismo en la figura de Mamdani.

¿Alucinaciones olfativas?

Para el kirchnerismo, hay olor a debilidad de la imagen presidencial y a fracaso del proyecto libertario. Ese iceberg tiene varias puntas. Primero, la derrota oficialista de la Ley de inviolabilidad de la propiedad privada. Empezó primero por una derrota en la cancha de la batalla cultural: que “inviolabilidad de la propiedad privada” fuera desplazado por “ley de tierras” fue el primer síntoma del éxito kirchnerista, que logró colocar en el debate público su impronta ideológica. El senador por Santa Fe, el justicialista Marcelo Lewandowski, es un buen ejemplo de esa visión: “El problema no es el gringo que nos compra sino el criollo que nos vende”, dijo en el arranque de su discurso. No se quedó ahí: abundó una batería de lugares comunes del relato peronista de tono más sepia. Su bibliografía preferida fue Arturo Jauretche y su noción de “estatuto legal del coloniaje del siglo XXI”. Todo el pasado, recargado, por delante.

El éxito del kirchnerismo se dio no sólo en la cuestión de la extranjerización de la tierra. Tuvo otra victoria: sacó de escena de un codazo a la conversación sobre el derecho a la propiedad privada y su centralidad en una economía pujante y desarrollada. El Gramsci del kirchnerismo le ganó de lejos al neo Gramsci libertario. Las consecuencias de esa derrota no están claras todavía: por el momento, el oficialismo cajones el debate en Diputados. Un registro de su incapacidad para alinear los votos en el Congreso.

Segundo, la ocupación de la calle frente al Congreso el día de esa votación en el Senado como otro dato clave: esa postal remite al debate parlamentario de diciembre de 2017 en la presidencia de Mauricio Macri y a las ya legendarias 14 toneladas de piedras arrojadas ese día. Retrospectivamente, ese evento fue el inicio de una sucesión de problemas de gobernabilidad que terminaron en la derrota electoral de Macri en 2019, cuando buscó la reelección. Fue justo después del triunfo en las elecciones legislativas de octubre de 2017. Aunque los paralelismos son imperfectos, alimentan la percepción de debilidad de las dos experiencias políticas liberales-libertarias. Le sirven a la oposición dura para envalentonarse.

Tercero, se puede detectar una narrativa kirchnerista que empieza a anclarse, otra vez, en su manual político y económico histórico. Todos síntomas de una percepción de achicamiento de las posibilidades de la refundación mileísta. La percepción kirchnerista y filo kirchnerista, la de la superestructura cultural-informativa que lo apoya, detecta un agrietamiento en el proyecto mileísta. El Gobierno tiene un problema: tener poder es ser percibido como el poder.

El kirchnerismo tiene otro problema: el riesgo de leer mal la voluntad de la mayoría, y soñar una crisis terminal del Gobierno donde en realidad hay desencanto de la gente, pero un pragmatismo decidido que lo lleva a resistir una receta kirchnerista que se probó fallida. La micro militancia generalizada del kirchnerismo es efectiva para torcer voluntades en el Congreso. También, para creer que otra vez llegó su hora. No lo ha sido tanto para oler los tiempos electorales: de ahí su sorpresa ante el éxito electoral de Milei.

Kirchnerismo empoderado

Hubo un tiempo, no hace mucho, en que esa posibilidad de autoestima política estuvo vedada para el kirchnerismo. Después del triunfo de Milei en 2023, el kirchnerismo entró en etapa autocrítica: por impostura o por reacción política al golpe de la derrota, el kirchnerismo atinó con alguna muestra de racionalidad macro y autocrítica a su veta deficitaria e inflacionaria. El triunfo bonaerense de Kicillof en septiembre de 2025 le puso el primer freno a esa etapa de revisión de los principios kirchneristas: en medio de una inflación otra vez al alza, el kirchnerismo tuvo su expectativa de acabose oficialista. El desconcierto de la derrota en noviembre lo puso, otra vez, en modo expectante, y de psicoanálisis político: ¿qué fenómeno oculto se les estaba escapando que la ciudadanía volvía a darles la espalda?

Por ahora, ese realismo de la derrota se terminó. En la primera mitad del año, el caso Adorni les permitió correr a la moral mileísta con sus propias contradicciones: señalaron los pies de barro del discurso libertario anti casta. Con el aumento de la morosidad y la caída del poder adquisitivo, el kirchnerismo cree encontrar una oportunidad política con dardos al corazón del proyecto mileísta: su plan de estabilización y de crecimiento. Hoy, la duda kirchnerista se le anima incluso a la inflación a la baja: no bajó tanto, y sigue comiendo salario, es la conclusión. Massa lo disfruta: toda una operación ideológica capaz de dejar atrás el 213 por ciento de inflación de 2023.

Ahora el kirchnerismo y el neo kirchnerismo enhebran en un solo hilo las experiencias de Menem, de Macri y de Milei: proyecto de economía abierta, macro sin déficit y ajuste anti inflación como impopulares y condenadas al fracaso.

Milei los ayuda. Al principal problema económico que vive la gente, el endeudamiento, responde con una frialdad propia de otros tiempos: no es lo mismo responder a una demanda social cuando recién se asume el poder y no hay legado del que hacerse cargo que responder cuando la propia gestión tiene responsabilidades en el presente de la gente.

I love New York

Para Milei, la falta de alternativa política es un activo clave para sus chances de reelección. Sobre todo si lo único que le puede competir es un kirchnerismo que vuelve a sus fuentes narrativas y se sobregiro ese regreso: resulta el enemigo político ideal para Milei. El miedo al legado kirchnerista une a los votantes que Milei necesita, pero que no logra seducir por sí mismo. El riesgo kuka se transforma ahora en el riesgo Mamdani: el miedo a un “vamos por todo” ahora recargado por la legitimidad Mamdani.

En ese terreno global, el kirchnerismo se lee en el reflejo de esa otra esperanza: subirse a la ola de la “legitimidad Mamdani”. El alcalde de Nueva York es una referencia prometedora: en la cuna del capitalismo donde nunca hubo espacio para una oferta electoral de estilo kirchnerista, aparece un Mamdani kirchnerista. La promesa de supermercado controlados por el Estado para controlar precios es música para los oídos del kirchnerismo que va de Cristina y Máximo Kirchner a Axel Kicillof: los divide la puja por el poder real y las cajas, pero los hermana una narrativa y el marco de una utopía que falló mil veces durante la hegemonía kirchnerista.

Desde las orillas oficialistas, el riesgo kuka, con el que Javier Milei y Luis Caputo azuzan la conciencia electoral del votante de centro, queda convertido ahora en riesgo Mamdani: una vuelta a todos los males del Estado presente kirchnerista, pero ahora multiplicado a la enésima potencia a partir de una autoestima rehabilitada por un eventual fracaso liberal-libertario y un éxito de izquierda en la cuna del capitalismo, Nueva York. Mientras el Gobierno se fascina con el techno anarcocapitalismo de Peter Thiel, el kirchnerismo se embelesa con el intervencionismo vintage del alcalde neoyorquino.

Otra vez gira la calesita y el votante se encuentra con el mismo dilema: el voto por el miedo menor.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/politica/milei-entre-el-riesgo-mandani-y-el-teorema-mirtha-nid11082026/

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