Clara Cullen, la hija de Teresa Anchorena que trabaja con grandes marcas y diseñadores de moda
La hija de la gestora cultural Teresa Anchorena es una fashion film maker radicada en Los Ángeles. Trabaja para diseñadoras como Stella McCartney y marcas como Chanel, Levis o Max Mara. Hace diez...
La hija de la gestora cultural Teresa Anchorena es una fashion film maker radicada en Los Ángeles. Trabaja para diseñadoras como Stella McCartney y marcas como Chanel, Levis o Max Mara. Hace diez años decidió partir hacia Estados Unidos, donde estudió junto a grandes cineastas. Su trayectoria incluye premios en festivales internacionales, videos experimentales, fotografías y cortos para la industria de la moda, junto a la escritura de sus propios guiones.
La conversación con LA NACION transcurrió on line desde su estudio en la casa de Los Ángeles donde vive con su marido y sus hijas, Alma y Azul, de 9 y 2 años. Con el storyboard de su próximo film sobre la pared y tomando mate, Clara Cullen contó su historia en medio de una familia patricia de Buenos Aires y cómo pegó el salto para posicionarse en la industria del cine y de la moda internacional.
–Tu madre, Teresa Anchorena, contaba que te llevaba a todas partes: a una ópera, una vernissage, al teatro... ¿Cómo viviste esa etapa?
–Mi sueño era ir a Disney, pero nunca fui. Hacía la tarea durante los entreactos del Colón. Me aburrí muchísimo; me pasé la vida en las vernissage de su galería de arte. Sé abrir muy bien botellas de champagne . Empecé a trabajar de chica. Atendía los llamados de clientes por teléfono. Vendía un cuadro y me pagaban una comisión. Durante las ferias llevaba colgado un cartel de la galería y hasta tenía tarjetas personales.
–En tu casa familiar de Villa Crespo había un living con cuadros de artistas argentinos y al lado un galpón con muebles antiguos para restaurar. ¿Fue un modo de ir conformando tu mirada?
–Claro. Íbamos a museos, mamá caminaba rápido, y nosotros la seguíamos por detrás. Nos pedía que eligiéramos la pintura que más nos gustaba de toda la sala. También me enseñó a comprar en remates. Tenía el savoir faire de participar sin que notaran que estaba subiendo la apuesta. En París, estando exliada, fue donde aprendió mucho del tema. Todo parecía un juego de ella, pero ahora me doy cuenta de que en realidad me estaba entrenando para mi trabajo actual.
–Tu familia paterna, los Cullen, eran enemigos históricos de los Anchorena. Además, tu papá, el estanciero Carlos Cullen, y tu madre, nunca se casaron. ¿Qué hay en vos de este estilo poco convencional?
–Por su forma de ser, mamá siempre fue la oveja negra. No me iba a buscar al colegio ni participaba de los actos escolares. Llegaba a casa a las 11 de la noche y ahí empezaba nuestro día juntas. Me iba a dormir a las dos de la madrugada. Todo era de una excentricidad absoluta. Por eso también yo soy una oveja negra, más negra que la oscuridad misma. Y mis papás, que eran dos ovejas negras, me hicieron sentir que yo era una oveja completamente normal .
–Tu documental, Lo que no se ve ni se oye, trata sobre tu bisabuela y también sobre vos misma, estando embarazada. ¿Cómo nació la idea de mezclar el presente y el pasado?
–Enriqueta Salas de Anchorena hacía lo que quería, era un ser rebelde. Un día encontré una caja con sus películas y la llevé a la Fundación Universidad de Cine, F.U.C. Descubrí un tesoro; fue una de las primeras directoras de la Argentina. Hacer un film con todo ese material y viviendo un embarazo fue una necesidad. No quería ser solo un animal que pare un bebé.
–Llegaste a Estados Unidos a los 22 años para estudiar con Spike Lee y Werner Herzog. ¿Qué pasó para que siendo tan chica lograras posicionaste ante grandes figuras del cine?
–En Buenos Aires iba al Liceo Franco Argentino Jean Mermoz y después estudié cine en la F.U.C. Fue ahí donde Spike Lee dio una charla y nos propuso trabajar en la película que iba a filmar. Le escribí y me respondió que había sido seleccionada. Le mandé mi C.V., el primero de mi vida. Hablaba muy mal inglés. Llegué a Nueva York a los 22 años para hacer esa pasantía con él y también estar bajo la tutela de Herzog. Después, viviendo en esa ciudad, me puse de novia con Max y me dijo :“Venite a vivir acá“. Años más tarde nos fuimos juntos a Los Ángeles.
–¿Es cierto que una de tus primeras experiencias artísticas fue entrevistar a estrellas de cine porno?
–“A vos siempre te gustaron las cosas un poco dark", decía mamá . Recuerdo que me invitaron a hacer un shoot (rodaje) con Sasha Grey que era la porn star del momento. Me tocó el back stage de las tomas del fotógrafo y nos hicimos amigas; teníamos la misma edad. Me dije: “Le voy a hacer una entrevista en la ducha a Sasha”. Fue un éxito total. Estaba desnuda en un plano medio y el lente se iba empañando, cada vez se veía menos. Hice unos ocho cortos de ese tipo con porn stars. Me encantaba conocer a las actrices, descubrir a la persona detrás de este tabú que es el sexo.
–Tu portfolio incluye marcas globales como Chanel y diseñadoras como Stella Mac Cartney. ¿Cómo definirías lo que hacés?
–El otro día preparé una fiesta en casa y lo pasé bárbaro; elegí la comida, la música, el ambiente. Una película es lo mismo. Buscás la gente, que escale el sonido, que baje y que suba el ritmo captando la energía de las personas que, a su vez, se mueven de un lado para otro. Esto hacemos con la diseñadora Gabriela Hearst porque estamos en permanente diálogo; el vínculo va más allá de un video, es contar una historia y me encanta. Pero, además, desde hace 15 años estoy en el mundo de la moda trabajando con Gucci, Chloé, Rodarte, Levi’s, Dropbox, Chanel, Adidas, Zara, Max Mara y Schiaparelli, entre otras. En la mayor parte de los casos estoy en contacto con los Directores de Arte.
-Filmaste y entrevistaste para el New York Times Style Magazine a una serie de famosos como Quentin Tarantino. Son retratos con tu sello porque, por ejemplo, en el caso del actor John Waters, le vas alcanzando regalos, él los abre, y a partir de ahí se dispara la conversación. ¿Por qué elegís ese formato?
-Cuando entrevistás a un famoso pone play y repite su historia de vida. Hay que sacar al personaje de ahí y soy muy buena desestructurando a la gente. Al empresario Jeff Koons le di un globo para que lo transforme en un objeto artístico porque él hace esculturas con globos. Es un empresario acostumbrado a tener un estudio con 7000 esclavos y él no hace nada. Lo puse a prueba. Por ejemplo, a Messi lo haría preparar un mate.
–¿Qué es para vos la elegancia?
–La elegancia es lo auténtico, lo propio. Podés serlo sin tener plata, aunque necesitás una mirada muy filosa. No elegantes son las cosas que se repiten, las obvias. Trato de ser única gracias a que me dieron mucha seguridad en mí misma.
-Sobre tu ópera prima, Manuela, que ganó como Mejor filme latino en el Santa Barbara Film Festival, dijiste que tu intención era resignificar la maternidad. ¿En qué sentido?
-La maternidad es como portrait, un retrato, algo aburrido y tradicional. No es el vínculo de un hijo, una madre, y nada más. Yo tuve muchas madres: mi tía, la niñera, la señora que cocinaba, porque mis padres a veces no estaban. Son pedazos de madre. En Manuela la chica se queda sin mamá y la niñera se queda sin hija. En ese sentido creo que es como la poligamia.
-Tenés dos hijas, Alma y Azul, de 9 y 2 años. Alma actuó en Manuela. ¿La vas a incluir en tu próximo film? ¿De qué trata?
-Tengo un personaje que, justamente, se llama Alma y me gustaría que lo encarnara. Mi obsesión por la historia de mi familia la estoy contando en forma contemporánea. Es un western infantil donde un grupo de primos a caballo buscan un tesoro que les dejó la abuela que se acaba de morir. Así pasé mi infancia, haciendo casitas en el campo, yendo a descubrir con facones objetos escondidos en medio del campo.
-¿Como es un día tuyo típico en Los Ángeles ?
–Muy rutinario, pero si viajo salgo a comer afuera, tengo reuniones, ando de acá para allá. No hay momento más feliz que cuando el avión está por despegar hacia Europa o Nueva York. Me muevo entre dos mundos; en uno de ellos no veo a nadie en todo el día y me encanta. Eso era muy de mi papá: leía, le gustaba la naturaleza. Mamá tenía el estilo contrario. Volviendo a mi rutina, hoy me levanté a las 6AM y estuve con mis hijas en la cama jugando un rato. Mi marido está en París trabajando. Les preparé el desayuno y las llevé al colegio. Tengo un personal trainer en la Argentina y me da clases desde ahí todos los días. Necesito estar bien físicamente porque lo mío es como estar en Fórmula 1. Trato de meditar. Después me preparo un mate y trabajo. Mis proyectos vinculados a Europa los gestiono en las primeras horas. A las seis y media de la tarde estamos sentados a la mesa. Cocino muy bien, y rápido. Mamá me enseñó.
-¿Qué añorás de Argentina y qué te atrapa de Los Ángeles?
-Extraño absolutamente todo: el clima, la radio en los taxis, mis amigos, mi familia, la manera de manejar, avenida del Libertador, los sonidos de los cafés, el campo, las parrillas al costado de la ruta, el cielo, las nubes, la luz, los pájaros. Tengo un romance, una fantasía absoluta con mi país. Los Ángeles, en cambio, es rarísima, imposible de entender. Es muy internacional y a su vez tiene una naturaleza maravillosa, estás en el mar y la montaña el mismo día y vivís en contacto con gente de todo el mundo. La mezcla de nacionalidades me fascina. Es muy linda Buenos Aires, pero Los Ángeles me permite trabajar.