Argelia, Austria y Jordania: tres rivales y tres estilos distintos para producir jugadores
Pequeñas en cantidad de equipos, modestas en sus economías si se las compara con sus rivales regionales; sin duda secundarias, o incluso menos en cuanto a valoración dentro de los ámbitos donde...
Pequeñas en cantidad de equipos, modestas en sus economías si se las compara con sus rivales regionales; sin duda secundarias, o incluso menos en cuanto a valoración dentro de los ámbitos donde se desenvuelven, los campeonatos locales de Austria, Argelia y Jordania adquieren distintos niveles de importancia para establecer el peso específico en las tres selecciones que serán rivales de los dirigidos por Lionel Scaloni en la fase de grupos.
La primera mirada arroja un resultado rápido: solo los equipos del país norteafricano alcanzan cierta trascendencia fuera de sus propias fronteras. Por el contrario, ni los austríacos ni los jordanos suelen destacarse en los torneos que organizan las confederaciones de Europa y Asia.
Pero por debajo de esta primera capa más o menos común a las tres ligas, existen diferencias significativas relacionadas con los lugares de nacimiento y formación de los jugadores que representarán a los tres países en Norteamérica; y desde ya, a la evolución posterior de la mayoría de ellos.
Un resumen inicial debería indicar que la principal distancia que existe entre los futbolistas que integran el combinado de Argelia y sus colegas jordanos y centroeuropeos es que apenas 10 de los 26 son nativos del país magrebí y, en consecuencia, juegan o han jugado alguna vez en clubes locales. El resto son hijos o nietos de la migración, la mayoría criados en Francia, y en menor medida en Bélgica, Países Bajos, Alemania o Inglaterra.
Jordania es la situación contraria: solo un futbolista creció y se formó fuera de los conflictivos límites del reino hachemita; aunque los elegidos por el entrenador Jamal Sellami que militan actualmente en clubes del exterior superan en número a los que permanecen en el torneo de entrecasa. Austria es el punto medio. La carrera de todos sus jugadores comenzó en su país, pero la mitad se marchó antes de debutar en Primera y en la actualidad solo tres disputan la liga local, tal como ocurre con los argelinos.
Desde Francia con amorHoussem Aouar, volante central del Al-Ittihad saudí, llegó a jugar un partido con la selección que dirige Didier Deschamps. Fue un amistoso frente a Ucrania que acabó 7 a 1 y dio el pase final en dos de esos goles. Sin embargo, solo fue convocado una vez más, aunque no salió del banco de suplentes. El delantero Amine Gouiri -actualmente en el Olympique de Marsella- atravesó todas las categorías juveniles del país galo, entre el sub 16 hasta el sub 21. Rayan Aït-Nouri, el lateral zurdo del Manchester City, disputó 15 encuentros con la camiseta bleu antes de cumplir los 21 años; y en menor medida, Joauen Hadjam y Nabil Bentaleb siguieron caminos similares. Sin llegar a ser seleccionado, Riyad Mahrez nació en Clichy y se formó en un equipo semiamateur de Bretaña antes de empezar a destacarse en Le Havre.
Resulta imposible pensar en el plantel de Argelia que afrontará el Mundial sin hacer una primera escala en el fútbol francés. La diáspora de buena parte de los habitantes de la nación norteafricana rumbo al país que colonizó el territorio desde 1830 hasta 1962 sigue teniendo una enorme influencia en el equipo de los Zorros del Desierto, al tiempo que disminuye el peso de la liga local.
De hecho, los defensores Zineddine Belaïd (futbolista del Kabylie) y Achref Abada (del USM Alger), son los únicos que cuentan con alguna opción de ser titulares en el debut ante Argentina. El arquero Oussama Benbot, también del USM, fue la sorpresa de última hora que introdujo el técnico suizo Vladimir Petkovic, y seguramente será suplente.
Compuesto por 16 equipos que se enfrentan a dos ruedas todos contra todos, el campeonato argelino conoció una época de expansión importante en la segunda década de este siglo, merced al dinero del petróleo y las inversiones de empresas de telecomunicaciones de Egipto o Qatar. Tanto fue así, que incluso logró repatriar a algunos de esos hijos de la migración residentes en Europa.
Fue en ese tiempo (2007), cuando los hermanos Kheireddine y Hassen Zetchi fundaron la academia del Paradou Athletic Club, siguiendo el modelo de la ASEC Mimosas de Costa de Marfil, productora a principios de este siglo de futbolistas marfileños brillante como Yayá y Kolo Touré. El Paradou, cuyos registros en primera división son muy modestos, fue sin embargo la escuela en la que se formaron cinco de los diez jugadores nativos que presentará Argelia en el Mundial: Ramy Bensebaini, Hicham Boudaoui, Yassine Titraoui, Adil Boulbina y Nadhir Benbouali.
De hecho, sorprende que Petkovic no haya contado con integrantes del MC Alger, bicampeón vigente que en esta temporada ganó el título con amplia ventaja sobre sus oponentes. Aunque también es cierto que su participación en la Champions africana dejó dudas sobre la proyección internacional de sus futbolistas: terminó tercero en la fase de grupos y quedó rápidamente eliminado. Kabylie, el otro representante del país en esa competición, corrió la misma suerte. Los clubes argelinos levantaron cinco veces el título, aunque hay que retroceder hasta 2014 para encontrar al último campeón.
En cambio, la Copa Confederación -equivalente africana a la Sudamericana o la Europa League- le viene brindando algunas sonrisas al fútbol de los Zorros del Desierto. Esta temporada, el USM Alger fue campeón venciendo en la final al Zamalek egipcio, y el Belouizdad alcanzó las semifinales. El año pasado, Constantine también llegó a la anteúltima etapa, donde cayó frente a Berkane, de Marruecos.
El sagrado método RangnickHasta abril de 2005, el fútbol austríaco languidecía en medio de una total indiferencia. Sus clubes ni siquiera se acercaban a aquellos que alguna vez habían alcanzado las semifinales de la Copa de Europa (el Rapid Viena en 1961 y el Austria Viena en 1979); la selección no se había clasificado nunca para disputar una Eurocopa; la última vez que había superado la primera fase de un Mundial había sido en España 1982, y directamente no participaba desde 1998. El tiempo borroneaba los recuerdos de Matthias Sindelar, Hugo Meisl, el Wünderteam y hasta los menos antiguos de Hans Krankl y Herbert Prohaska.
Pero en abril de aquel año, la compañía Red Bull, que tiene su base en el país centroeuropeo, decidió ingresar en el mundo del fútbol, una vez que su inversión publicitaria en deportes como el automovilismo o el hockey sobre hielo se había probado efectiva y rentable. La empresa compró el SV Austria Salzburgo, lo rebautizó con el nombre y lo revistió con los colores de la marca y comenzó una auténtica revolución.
La victoria de Austria sobre TúnezPrimero fue la adquisición de jugadores de jerarquía, que le permitieron quebrar el dominio histórico de los equipos vieneses ya en la temporada 2006-07. Pero el verdadero cambio llegaría a partir de junio de 2012, cuando Ralf Rangnick, un entrenador alemán con éxitos precedentes en el Stuttgart y el Schalke 04, se hizo cargo de la dirección deportiva de los dos equipos que Red Bull tenía en aquel momento, el Leipzig germano y Salzburgo.
Durante la Eurocopa 2024, el periodista Michael Cox hacía notar en The Athletics, el área deportiva del New York Times, la estrecha relación que cabía hacer entre el método futbolístico que Rangnick inculcaba en sus dirigidos y las bebidas que fabricaban y vendían sus empleadores. En efecto, si Red Bull promete incrementar la energía de los jóvenes que ingieren sus productos, el técnico alemán es un fundamentalista de la presión, la velocidad y la fuerza como ruta hacia el triunfo, relegando a un segundo término la calidad técnica, la creatividad y la improvisación de sus dirigidos. No siempre le fue bien con esa idea -apenas duró unos meses en el banco del Manchester United o el Lokomotiv ruso, una vez que abandonó su puesto en la ciudad de Mozart-, pero en Austria causó sensación.
Salzburgo ganó diez ligas consecutivas y contagió con su modo de jugar a casi todos sus rivales. El estilo del Sturm Graz, que en la temporada 2024-25 logró quebrar la racha de títulos de los “energéticos”, fue igual de vertical y directo. El campeón de esta temporada, el LASK Linz, continúa la misma línea. La selección, dirigida por el propio Rangnick desde 2022, por supuesto, no se queda atrás. Y la Federación local acaba de aumentar la apuesta, poniendo en marcha un proyecto destinado a los entrenadores de todas las categorías para, de alguna manera, alinear la formación de los futuros jugadores bajo el mismo sistema de juego, siempre con el mayor énfasis puesto en la táctica y la teoría.
Las posibilidades económicas que brinda un país de alto estándar de vida facilitan que los jóvenes puedan permanecer allí en su etapa de aprendizaje, aunque los bajos niveles competitivos provoca que muchos de ellos busquen nuevos horizontes incluso antes de debutar en primera.
La Bundesliga austríaca cuenta con apenas 12 equipos, que se enfrentan todos contra todos a dos vueltas (22 partidos). Después, los 6 primeros integran un grupo por el título y los 6 últimos por la permanencia. Los puntos obtenidos en las primeras 22 fechas se dividen por la mitad y se juegan otras dos rondas (10 partidos).
Un torneo tan reducido explica por qué solo tres jugadores del plantel mundialista integran equipos de la liga local. Alexander Schlager, del Salzburgo, es el arquero titular; Alessandro Schöpf, del Wolfsberger, alterna en el mediocampo; y el centrodelantero Sasa Kalajdzic, que esta temporada llegó a préstamo del Wolverhampton inglés, fue el goleador del campeón. El resto, desde el talentoso Marcel Sabitzer, el impetuoso lateral o volante derecho Konrad Laimer, o el incansable pivot recuperador Nicolas Seiwald, se llevaron el método Rangnick allá donde los condujo el fútbol. Y la verdad es que a ninguno de ellos les ha ido nada mal.
Una generación dorada a orillas del JordánAl-Wehdat, en las temporadas 2020-21 y 21-22, y Al-Faisaly, en la 2023-24, lograron colarse en la fase de grupos de la versión asiática de la Champions. A ninguno de los dos equipos les fue bien y quedaron eliminados, pero valió como puntapié inicial. Al-Hussein, vigente tricampeón de liga, alcanzó esta temporada los cuartos de final de la League Two, segunda competencia continental. La selección llegó a la final de la Copa de Asia 2023 -que se jugó en enero de 2024-, y poco después se clasificó para participar del primer Mundial de su historia.
Definitivamente, el fútbol jordano dejó de ser un invitado de segundo o tercer orden en el fútbol asiático. No contará con el dinero de los países del Golfo, ni su campeonato tiene la cantidad y calidad de extranjeros que desembarcan en Japón, tampoco con el desarrollo alcanzado por Corea del Sur, pero ya empieza a tutearlos.
El proceso, sin duda, fue lento, como no podía ser de otro modo en un contexto tan explosivo como el de Medio Oriente, pero también por esto último lo conseguido es doblemente meritorio. El reino hachemita cuenta con recursos limitados, vive haciendo equilibrios para no verse afectado por los múltiples incendios que suelen desatarse a su alrededor, y resulta imposible que la expansión futbolística se mantenga al margen de esa realidad.
En 2001, bajo el liderazgo del príncipe Alí bin Al-Hussein, la Asociación de Fútbol de Jordania (AJF), priorizó la planificación a largo plazo por encima de las soluciones rápidas. Se crearon los Centros Príncipe Alí para Jugadores Prometedores, con 35 delegaciones distribuidas por todo el país. Su misión era descubrir niños de entre 8 y 12 años, y entrenarlos para que se conviertan en futuros futbolistas.
Cinco lustros más tarde, Mousa Al-Tamari, Ehsan Haddad, Nizar Al-Rashdan, Ibrahim Sabra e Ibrahim Saadeh, todos surgidos de esas escuelas (extrañamente cerradas en 2019) estarán en la cita norteamericana. También debería asistir Yazan Al-Naimat, autor de 8 goles durante las eliminatorias al Mundial, pero en diciembre sufrió la rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla en los cuartos de final de la Copa Árabe, y no llegó a tiempo para recuperarse.
Tampoco podrá estar el juvenil Tammer Bany, mediocampista de ataque del West Bromwich Albion que debió someterse a una cirugía en el muslo en diciembre. Bany nació y creció en Dinamarca, y su ausencia deja a Muhammad Abualnadi como el único no nativo del país entre los 26 integrantes de la lista que presentó Sellami ante la FIFA.
La formación local de casi toda la selección es un indicador del peso de la liga en el equipo, más allá de que 15 jugadores estén actualmente en el exterior, entre ellos Mousa Al-Tamari, extremo del Rennes francés; Ali Olwan, goleador del Al-Sailiya qatarí, y Nizar Al-Rashdan, volante central del Qatar SC, que ante la ausencia de Al-Naimat conformarán el núcleo principal del conjunto.
La profesionalización de los jugadores jordanos y su consecuente emigración es otro factor que explica el progreso, tanto como el aumento de la financiación de la Jordan Pro League, la mejora en las instalaciones y la contratación de técnicos internacionales que aportaron nuevos métodos de entrenamiento. Aun así, el principal certamen local sigue siendo modesto. Son apenas 10 equipos que se enfrentan a tres vueltas, y está dominado por Al-Hussein, que aporta seis hombres al elenco nacional; a los que se suman tres de Al-Faisaly y dos de Al-Wehdat.
La caída de Jordania frente a SuizaEl cierre de los Centros Príncipe Alí genera preocupación por el futuro entre los hinchas. Pero eso será motivo de debate más adelante. En estos días, el país se prepara para disfrutar como nunca. La primera Generación Dorada que produjo el fútbol jordano debutará entre los grandes del mundo, y para hacer feliz a su gente será suficiente que los jugadores sean fieles a la Nashama, el precepto de coraje y voluntad de lucha inquebrantable que identifica a la nación.