“Cuando muere el miedo, nace la libertad”: cientos de personas participan de una emotiva vigilia por la paz en Venezuela
Diferentes asociaciones de la sociedad civil vinculadas con los inmigrantes venezolanos en la Argentina, junto a la Parroquia Nuestra Señora de Caacupé, convocaron a una vigilia por la Paz por Ve...
Diferentes asociaciones de la sociedad civil vinculadas con los inmigrantes venezolanos en la Argentina, junto a la Parroquia Nuestra Señora de Caacupé, convocaron a una vigilia por la Paz por Venezuela, que comenzó a las 18.30, en el monumento a Simón Bolívar, en el Parque Rivadavia, en el barrio porteño de Caballito. Poco después de esa hora, se empezaron a congregar cientos de personas.
El encuentro religioso, que presiden un cura y un rabino, tiene lugar en medio de una semana de extremada crispación social y política en ese país, donde la atribución del triunfo electoral por parte del régimen de Nicolás Maduro, en la madrugada del lunes pasado, despertó protestas en toda Venezuela e impulsó denuncias de fraude electoral.
Participan de la convocatoria referentes de distintos partidos políticos venezolanos en la Argentina, además de Elisa Trotta, que fue embajadora de ese país en la Argentina durante la gestión de Mauricio Macri.
“La idea es que sea un encuentro espiritual para pedir por la paz, la verdad y la libertad en Venezuela. Va a hablar el padre Usebio, de la parroquia de Caacupé, muy querido por la comunidad venezolana”, adelanta el presidente de la asociación Alianza por Venezuela, Charbel Najm Tino, en diálogo con LA NACIÓN.
“Cuando muere el miedo nace la libertad”, se lee en el cartel pegado en el monumento a Simón Bolívar.
Alrededor de la estatua, los venezolanos que comienzan a llegar a la vigilia armaron un altar: hay velas que forman la palabra paz, una imagen de Jesucristo cargando la cruz. También, decenas de compatriotas, con sus propias velas y banderines. La vigilia todavía no ha empezado, pero algunos ya quiebran en llanto. “Es que no puedo más de la bronca”, dice uno de ellos a una amiga.
“Somos millones los que estamos afuera, trabajando, saliendo adelante, mandando dinero a nuestras familias que siguen allá”, sumó, entre lágrimas, Oswel Luna, masajista terapéutico, de 33 años, que vive hace nueve en la ciudad de Buenos Aires. Él, según contó, desea con desesperación poder volver a su tierra natal, pero la situación económica no se lo permite. “Es preferible que me quede acá, así le mando dinero a mi familia”, explicó.
“Tenemos el cuerpo fuera de nuestro país, pero la mente y el corazón adentro”, dijo, mientras se limpiaba las lágrimas, la abogada Rosa Cedeño, de 47 años, que dejó Venezuela hace cuatro, junto con su marido, sus tres hijos y sus dos nueras. “¿Sabes lo que es irte de tu país cuando tienes tu vida hecha? Me fui a los 43, dejé atrás un hogar, y el sueño de que mis hijos y mis nietos se críen allí. Ahora ninguno quiere volver”, indicó la mujer, que llevaba en un cochecito a uno de sus nietos, mientras esperaba que comenzara la vigilia.
A su alrededor parejas y amigos se abrazaban y lloraban. En los altoparlantes comenzó a sonar como un himno la canción “Venezuela”, de Luis Silva, y los congregados cantaban: “Llevo tu luz y tu aroma en mi piel/ Y el cuatro en el corazón/ Llevo en mi sangre la espuma del mar/ Y tu horizonte en mis ojos”.
“Muchas veces el mal se disfraza de bien e intenta ocultar todo el bien que hay y lo demoniza. Hoy venimos a pedir que ese mal se saque la careta. Para que por fin se pueda respirar el aire de libertad”, dice al micrófono, junto al monumento, un rabino cercano a la comunidad venezolana, ante una multitud con velas en alto.
El arzobispo porteño y primado de la Argentina, Jorge Ignacio García Cuerva, grabó un mensaje para la colectividad venezolana, la comunidad migrante más grande de la ciudad, que se escuchó por los altoparlantes: “Ustedes son parte de nuestras comunidades, son parte de nuestra vidas. Por eso su tristeza, su desazón, la sentimos como propia. Nos comprometemos a sostenerlos en la esperanza, a animarlos en la fe en Dios, y abrazarlos fuerte. Porque, más allá de todo, creemos en la justicia, creemos que un mundo mejor es posible”.
Elsi Porres, de 51, tiene una bandera de Venezuela sobre sus hombros, y la mirada fija en el escenario, desde donde ahora suena el himno nacional venezolano. Se emociona hasta las lágrimas. “¿Sabes? Estamos de luto, pero todavía no perdimos la esperanza. Yo creo que en cualquier momento puede cambiar todo”, dice.
“Ni votar nos dejaron. Nos pusieron todas las trabas para que no pudiéramos votar”, dice, entre lágrimas Rosa María Madriz, que cumplió 69 años el domingo pasado, el mismo día de las elecciones nacionales de Venezuela. “Ni ganas de festejar me dieron. Mi sueño era ganar las elecciones y volver a Venezuela para Navidad por primera vez desde que me fui, que ya van a ser seis años. Reencontrarme con mis hermanos, mis padres”, dice la mujer, quien todavía conserva su casa en Venezuela. “Muchos de mis compatriotas, amigos médicos, ya estaban con las maletas hechas. Pensaban que se iba finalmente Maduro, y querían irse para allá a ayudar a reconstruir nuestro país, a reencontrarse después de tantos años con sus hijos. Tengo amigos que hasta se gastaron los ahorros en pasajes solo para ir a votar”, suma.
Su amiga Kenia Ubeto, de 59, a quien conoció en esta plaza, la abraza. Ella también conserva su casa en su tierra natal, con la esperanza de algún día poder volver.