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Un refugio sustentable en las sierras

Esta es la historia de dos hermanas que, junto a sus familias de Buenos Aires, soñaban con un lugar tranquilo y en la naturaleza donde vivir algunos meses al año de forma sustentable, sin contami...

Esta es la historia de dos hermanas que, junto a sus familias de Buenos Aires, soñaban con un lugar tranquilo y en la naturaleza donde vivir algunos meses al año de forma sustentable, sin contaminar y en armonía con el entorno. Después de recorrer campos, decidieron asentarse en La Cumbre, Córdoba, y dar con alguien ducho en la construcción en las sierras para darle forma a su anhelo.

Sus nuevos vecinos de la zona les recomendaron al ingeniero Diego y al arquitecto Javier Cappanera, padre e hijo que encabezan el estudio que lleva su apellido. Su desafío fue entonces construir la casa para una de las hermanas, en un terreno a 1600 metros sobre el nivel del mar; ahí donde el monte pierde densidad y florecen los pastizales y rocas. Como norte topográfico, un mogote se convertiría en el punto de partida del proyecto, que llevaría como nombre El Refugio.

Una presencia mimética

El pedido de la familia -una pareja con sus tres hijos- partió de sus necesidades: un espacio central de estar para compartir (con el comedor y cocina integrados) y cuatro dormitorios con sus baños, además de los espacios de servicio necesarios para el funcionamiento del día a día.

La estructura interior de la cubierta se hizo con entablonado y grandes troncos rústicos de eucalipto, como los que se usaban en los antiguos ranchos de la zona.

Por la lejanía con centros urbanos y la búsqueda de autonomía sustentable, se instalaron paneles solares para abastecer de energía eléctrica a la casa.

Un ambiente central articula los espacios y se prolonga al exterior: hacia el este con una pérgola de acceso -transición entre el paisaje y el interior-; al oeste, con una galería más grande que se abre hacia las principales visuales, el sol de la tarde, el parque y la pileta.

La ubicación no podría ser mejor. Tanto es así que todos los ángulos regalan vistas increíbles hacia el bajo y las quebradas de la sierra.

Belleza serrana

Pérgolas y galerías incorporan cabios y columnas de grandes dimensiones, complementados por piezas y anclajes metálicos diseñados especialmente para el proyecto.

Lo que más me gusta del proyecto es cómo la casa y la pileta están insertas en el paisaje, escondidas entre las piedras del lugar. La materialidad jugó un papel clave en su unión con el entorno.

Arq. Javier Cappanera

Un sistema de canaletas en el techo recolecta el agua de lluvia y la lleva a una cisterna enterrada bajo la galería oeste. El agua se usa para el jardín, la pileta y como reserva en caso de incendios o períodos de sequía.

Siguiendo las construcciones tradicionales de la región, los muros se hicieron dobles para proteger los interiores de las amplias variaciones térmicas que trae el clima mediterráneo serrano.

Un futuro imaginado

La planta en H les dio a los dormitorios ubicaciones privilegiadas: uno en cada extremo. “Por eso -explica el arquitecto- todos tienen una relación particular con el paisaje, definida por sus visuales, orientación y condiciones de asoleamiento”.

“Vivimos la casa disfrutando cada una de las vistas, los distintos cielos, el atardecer, el amanecer”, nos cuentan los dueños de casa.

Si bien los tres hijos de la familia son chicos todavía, sus cuartos se proyectaron para que puedan estar cómodos incluso cuando tengan hijos. “Con cuatro camas, se puede formar una matrimonial para la pareja y dejar dos individuales para los chicos”, imaginan los dueños de casa.

La calefacción combina una losa radiante general alimentada a gas envasado con salamandras a leña y pellets.

Trabajo en equipo

En un trabajo en conjunto, el arquitecto Cappanera diseñó el baño principal con las dos bachas y ventana por detrás, así como el toilette con bacha frente a la ventana.

El toque final lo dieron los dueños, que agregaron sus detalles eligiendo las griferías y el material de las mesadas con sus bachas.

Desafíos de montaña

La construcción planteó sus propios desafíos. “Al sitio se accede por un camino de ripio de condiciones variables”, recuerda Cappanera.

Hacer llegar los materiales bajo las condiciones climáticas propias de la alta montaña, con viento, neblina, nevadas y los calores del verano, le sumó épica al proyecto. Con todo, hoy la casa cuenta con todas las comodidades, casi sin interferir en el paisaje.

 

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/un-refugio-sustentable-en-las-sierras-nid08092026/

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