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Un mensaje casual, una cirugía a corazón abierto, y un amor que se fortaleció a la distancia: “A mí me dio vuelta la vida”

Hernán tiene el recuerdo de un momento bisagra en su vida: el día en que decidió estudiar medicina. Nacido en Comodoro Rivadavia, desde los 3 años creció con la figura de un padre ausente. Aqu...

Hernán tiene el recuerdo de un momento bisagra en su vida: el día en que decidió estudiar medicina. Nacido en Comodoro Rivadavia, desde los 3 años creció con la figura de un padre ausente. Aquellos relatos que su madre —profesora de literatura—, le contaba de aquel fantasma, le sirvieron para reconstruir su historia, la de un médico con una biblioteca nada ortodoxa que él heredó en la adolescencia. Al anotarse en la carrera, en lugar de Buenos Aires, eligió mudarse al sencillo barrio Mondongo y estudiar en La Plata.

Por su parte, Flor creció en una familia de padres y abuelos artistas. Entre el flamenco y el folklore argentino, su cuerpo estaba siempre dispuesto para jugar en escena, con la música o el teatro. Por eso cuando tuvo que elegir una carrera, pensó en dejar Comodoro para formarse como actriz en Buenos Aires.

Entonces ninguno de los dos sospechaba que se conocerían en medio de una tragedia. Tampoco sabían que se enamorarían de una manera irreversible.

Entre el arte, la medicina y una internación

En 2010, Flor Campano había empezado a estudiar Trabajo Social, pero a la vez intentaba hacer todos los talleres gratuitos culturales en su ciudad. No tenía dudas de su camino pero cuando planteó que quería un destino en el arte, su papá no estuvo de acuerdo. “Me dijo: ¿Estás loca? ¡Te vas a morir de hambre! Nos dejamos de hablar y fue el año en el que me enfermé, me agarró endocarditis”.

Mientras tanto, Hernán Barreda Correia había estudiado sin desaprobar ninguna materia, con un promedio alto. En esa época sintió que necesitaba herramientas humanas para atender a la gente, algo que la carrera no le daba. Estudió psicoanálisis y medicina psicosomática, quería ahondar en la historia y no solo en el aspecto clínico. “Devoré libros, fui a buscar alguna respuesta a la literatura. Cuando me sentí listo rendí todo lo que me quedaba y me recibí de médico. No me arrepiento nunca de eso”.

A los 18 años, Flor empezó a sentir dolores en las articulaciones, una fiebre no muy alta, pero constante. Con los análisis descubrieron que era endocarditis infecciosa y durante muchos meses estuvo internada con antibióticos. En julio, sus padrinos le prestaron una notebook. “Un día me conecto y abro el MSN. Y justo una persona me dice: “Hola, ¿quién sos?” Yo, (Qué tupé). Hola, ¿quién sos vos?" En la prehistoria de las redes sociales, se encontraron sin buscarse, por MSN. Se presentaron y descubrieron que tenían cosas en común. No solo la ciudad, Flor conocía a la profesora de literatura que hablaba maravillas de su hijo, que decía que era un bombón. La charla fluyó, desde las cosas más banales hasta los gustos en común. “Después empezamos también, además del mensaje de texto a recurrir a los mails donde ya nos hablábamos de otro modo, ahí es donde empezó la parte más romántica. Fue un sistema de cartas, porque entre la internación y la falta de internet realmente eran cartas por mail”.

Para Hernán fue un amor decimonónico. “Esto de recibir información, procesarlo, pensar las palabras. Yo tuve que leer mucho para levantar semejante mujer. Me robé un CD de Gipsy King para hacerme el entendido en el flamenco. Y después poesía, cuento”. Hablaban todos los días, cada semana, conectaban con formas de ver la vida, con lo cotidiano. “El deseo de seguir charlando, de que el tiempo nunca se acabara cuando estábamos compartiendo”.

Aún no se habían visto en vivo y en directo. Pero un día, un poco “drogada” con la medicación, a Flor se le escapó una videollamada. “Yo con el oxígeno acá atrás, en ningún buen plan, digamos: pijama, rodete, y ahí, quedamos como en jaque de que empezamos a habilitar un paso más”.

A finales de julio los médicos decidieron llevarla en un avión ambulancia a Buenos Aires para seguir la internación. La infección que le había destruido algunas válvulas del corazón, la tenía en riesgo permanente y se hizo evidente que iba a culminar en una cirugía.

Dos encuentros, un “Te amo” y la intervención

El primer encuentro fue con su alta ambulatoria, previo a operarse, en un departamento de Parque Patricios. “Cada 12 horas venía una enfermera a ponerme antibióticos. Vos le diste una mano a la enfermera”, le dice Flor a Hernán, que le devuelve la mirada con la complicidad de la memoria. Para él fue una explosión. “Fue extrañísimo y fue un golpe de ariete desde las primeras líneas de chat. A mí me dio vuelta la vida. Fue muy fuerte igual vernos. Muy emocionante. Yo ya lo quería un montón”.

Se enamoraron sin ser conscientes, de manera inmediata. Ella pensó que él era un ñoño, y eso le dio ternura. “Yo me acuerdo que no paré de hablar, o sea, tomaba mate, pero no sé cómo. Nunca paré de hablar, creo que eran los nervios, y también la emoción de tenerlo ahí conmigo”.

El siguiente encuentro fue de despedida. Aquel lunes 13 de septiembre estaba planeada la operación, así que se vieron el día anterior y ella lo acompañó hasta la línea H del subte. Frente a la incertidumbre, el primer “te amo” y un beso de película. “Era ese momento o tal vez nunca. Y se vivía así, o sea, como desbordados de alegría y del enamoramiento nivel 1000, ¿no?”

El día de la cirugía, Flor se internó a las 8 de la mañana. Hernán, el estudiante modelo, de pronto entendió que no quería cursar el seminario en La Plata. Tenía que faltar. Llovía a cántaros y lo único que él necesitaba era estar con y para ella. “Cuando yo llego recontra re nervioso, empapado, aprieto el botón del ascensor, salgo a Terapia Intensiva, medio desorientado y cuando se abre la puerta toda la familia de ella que se da vuelta y mira, y se larga a llorar. Yo quedo detenido. En eso viene una tía de Flor me abraza y me dice: ‘Salió todo bien’”.

Para Flor fue natural despertarse, confundida por las drogas de la cirugía, y saber que él estaba a su lado. De la hora de visita, 50 minutos fueron para ese novio recién estrenado que no se quería despegar, ante la mirada juzgadora de la familia. Estuvo presente en su recuperación y en las caminatas por el parque. El vínculo precipitado fue muy intenso, “muy tanático”, describe Hernán.

La promesa de un nuevo encuentro los separó durante unos meses. Cuando Flor volvió a Comodoro, el Skype fue la solución para salvar los más de 1700 km de distancia hasta La Plata. “Yo había fracturado mi vida, se me rompió el grupo de estudios, en un momento me quedé con Flor”.

A dos meses de la operación, aquel diciembre y contra todo pronóstico Flor volvió a bailar en una muestra de danza y conquistó el sí paterno para hacer lo que quisiera. “Un tajo así te doy, papá, tres alambres en el esternón —se ríe Flor— Y es una experiencia, una cirugía que no le deseo a nadie, me marcó con una cicatriz, marcó mi historia”.

“Tenía un temor terrible de contagiar a Flor”

Entre sus sueños y sus elecciones, entre la medicina, la literatura y el flamenco, la pareja se consolidó y creció con el despliegue cultural de Buenos Aires, los estudios en La Plata y los veranos rojos del sol de Comodoro. La conciencia del límite finito que separa la vida y la muerte los marcó como un tatuaje. Y se volvió a poner a prueba en un accidente en Brasil. “Se prendió fuego la lancha en la que estábamos y quedamos la mitad flotando, con gente muriéndose alrededor. Nunca salió en los medios, porque obviamente era un destino turístico”.

Enseguida sobrevino el COVID, y lo pasaron juntos, pero también separados. Flor era una persona de riesgo, a Hernán lo emocionaba el desafío que significaba para la medicina un nuevo virus, con protocolos y comportamientos totalmente diferentes a todo lo conocido. “Fiel a mi estilo y a mi personalidad, me rompió la cabeza intelectualmente”. Mientras trabajaba en el shockroom de un sanatorio y coordinaba la unidad de cuidados intermedios COVID de otro, volvía cada tres días a su casa y se ponía a estudiar, obsesionado con la investigación. “Tenía un temor terrible de contagiar a Flor”. Mientras tanto, ella daba clases de flamenco online en el monoambiente que habitaban.

El verano de 2022, entre España y Comodoro

Hasta que en el verano de 2022, en Comodoro, llegó el momento de mirarse a los ojos y sincerarse: necesitaban un cambio de vida. Buenos Aires había sido el lugar para crecer, pero ansiaban otro entorno, otras emociones; aportar lo que ambos habían aprendido en tantos años. Las opciones eran dos, España o Comodoro Rivadavia. Hernán lo rememora: “Estábamos en la playa. Habíamos ido a navegar: juego, perros. Uno de esos atardeceres prendidos fuego de punta a punta. Y en un momento Flor se puso a bailar sola. Un rato, no sé, 30 minutos. No había nadie. Llegó a donde nosotros seguíamos tirando palos al fuego, con los perros, y nos miró y nos dijo, ‘Nos volvemos’. Todo se alineó, no hablamos de nada, volvimos a Buenos Aires y empezamos a vivir en una suave despedida”.

Ya en el sur, Hernán entró a un sanatorio. Flor había bailado en los mejores “tablaos” de Buenos Aires y tuvo su academia de flamenco en Almagro. Tal vez por eso no quería ingresar en un espacio ajeno y quedar encasillada. Empezó a armar uno propio, desde cero. Usó un garaje “herrumbroso” de la casa en la que ahora viven, para transformarlo a lo largo de dos años en “Mar de Jondo”, uno de los tablaos más prolíficos que tiene Argentina, y apostó a su carrera como artista, capaz de producir y dirigir una obra de comedia, y llenar un teatro de la ciudad con 800 personas.

Un desmayo, una ambulancia y sin tiempo que perder

Enero de 2025, prometía ser movido, con la perspectiva de las actividades del tablao, pero una nueva emergencia puso la vida de Flor en riesgo. “Me despierto un domingo de esos que hay acá en el verano con mucha tierra y calor, bueno, mucho dolor de panza. Yo tengo un umbral de dolor alto”, asegura la bailaora. Para Hernán también fue impensado. “Desayuno, peli, planazo de domingo, con 150 km de viento. Nos pusimos a ver Interestelar. La segunda vez que me dijo que le dolía, que le recete algo, ya me extrañó porque Flor no es así”.

Hernán probó con medicación pero con la idea de movilizarse. Aun siendo subdirector de una clínica en aquel momento, sabía que iba a ser difícil conseguir algo un domingo en Comodoro, que incluso quien tenía la llave del banco de sangre estaba en un barrio alejado. “Flor se para enfrente mío, la empiezo a acompañar al baño y se cae como un sachet de leche”. Con la ambulancia en camino, llamó a un amigo cirujano, no había tiempo que perder. Adultos ambos, tenían otra percepción del peligro, Flor se sintió envuelta en una película distinta a la de sus 18 inocentes años. “Era muy difícil luchar contra la sensación de que me dormía y Hernán me pedía, por favor, que no. Trataba de mover las piernas, y pelear para no caer en ese apagón”. Hernán lo explica desde su perspectiva: “Mira, hay una cosa rarísima. Paco, el cirujano de Flor, dijo que nunca había visto algo así. En la ovulación siempre se rompe un poquito el ovocito del ovario y esta vez se rompió y se llevó puesto una pequeña arteriola. Que expulsa 2 ml por latido, pero lo que vimos fueron 5 litros que estaban en la panza”.

Al tratar a tiempo y cauterizar, fue una cirugía sencilla, “en las manos del mejor”. Cuando abrió los ojos Flor supo que había sido una hemorragia interna y que tenía todos los órganos. Hernán comprendió que por elegir aquella ciudad, aun siendo grande, se encontraba dentro de una estructura pequeña en cuanto a salud, y solo pudo respirar tranquilo cuando vio que su amigo lo estaba resolviendo.

14 años después y una propuesta “épica”

El sueño de la casa propia va acompañado de un espacio como Mar de Jondo que es bar, café, librería, tablao y hogar, al mismo tiempo. Durante muchos años, Hernán tuvo la presión de planear una propuesta de casamiento “épica”, que estuviera a la altura de ellos mismos. Habían pasado 14 años juntos, compartido los mejores y peores momentos de sus vidas, no había ninguna duda de su elección, tenían ganas de celebrarlo con la gente querida.

Oportunidades no habían faltado, en el mar, bajo los influjos de la luna llena o un atardecer mágico. Pero la propuesta llegó cuando menos lo esperaba. Como una película, aquel chico, estudiante de medicina que la hacía reír en la época de los dolores de pecho, se guardó un secreto que no había contado ni a su mejor amigo.

“Fue un pálpito. Nosotros veníamos con mucha expectativa y muchas ganas de inaugurar Mar de Jondo, pero también mucho laburo, la última semana cansadísimos. Esto fue un sábado, me acuerdo patente, dije, “Es hoy.” Hernán salió a buscar un anillo medido a ojo, con uno de ella, pero de otro dedo.

El casamiento de Flor y Hernán

Desde la apertura, habían hecho varias funciones pero una iba a ser con las familias, los seres queridos y quienes habían construido el tablao. Con la estrategia en mente, Hernán le propuso a Flor tomarse un momento sobre el final para agradecerles, y ella le cedió la palabra: ”Vos sos el poeta”. Entonces empezaron a hablar, “Nos emocionamos, agradecemos a mis abuelos que están en el cielo, los abuelos presentes y en un momento el hombre dice: ‘Voy a aprovechar esta ocasión para hacerte una pregunta muy especial, y se agacha. Ahí quedé en shock. O sea, nada me calla a mí en la vida, prácticamente solo él. Y fue con anillo también. Me quedé pasmada. No lo vi venir, me acuerdo que fue super hermoso, nos besamos, cantamos, después en la siguiente función hicimos otra parodia de lo que fue el pedido, porque la gente lo pidió. Fue un momento inolvidable”.

El casamiento por civil, en febrero de 2026, fue en el espacio cultural, con una jueza de paz que se contagió de la energía del lugar para que terminara siendo emotivo. Hubo otra ceremonia íntima que hicieron en la playa. “Fue en un salón súper hermoso durante el verano, al atardecer. Nos dijimos nuestros votos, fue un sueño”. Los casaron sus amigos, con el escenario de un fuego prendido y elementos de la naturaleza que representaban el agua de mar dentro de un caracol. “Hubo fiesta, se bailó, se bebió, hubo luna, no se puede pedir más. La verdad fue una noche soñada”.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/un-mensaje-casual-una-cirugia-a-corazon-abierto-y-un-amor-que-se-fortalecio-a-la-distancia-a-mi-me-nid30102026/

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