“Todo era raro adentro”: Vecinos y pacientes de la “clínica del horror” cuentan sus casos y la mala fama que tenía el lugar
Las dos camionetas de la Policía de La Matanza permanecen estacionadas frente a la sede principal de la clínica Argentina Salud, cuyas puertas principales están cubiertas por carteles de clausur...
Las dos camionetas de la Policía de La Matanza permanecen estacionadas frente a la sede principal de la clínica Argentina Salud, cuyas puertas principales están cubiertas por carteles de clausura sanitaria. Sobre el frente azul del edificio, ubicado sobre la avenida Brigadier General Juan Manuel de Rosas al 14921, en González Catán, todavía cuelga el slogan “Sabemos y amamos lo que hacemos”, encima de los vidrios rotos.
Esta mañana, LA NACION recorrió el lugar horas después de que se conociera públicamente el caso que terminó con protestas y con la clausura de las sedes de la clínica. Según investiga la Justicia, la empresa formaría parte de una presunta organización dedicada a falsificar documentación médica y ejercer ilegalmente la medicina.
La Policía Federal realizó 13 allanamientos simultáneos en las tres sedes de la empresa, en Virrey del Pino, González Catán y Ramos Mejía, y al menos seis personas fueron detenidas dentro de la causa caratulada como “asociación ilícita, ejercicio ilegal de la medicina y otros”. En paralelo, según pudo saber este medio, otras 23 personas están siendo investigadas.
Desde temprano, las personas frenaban para observar el frente destruido, leer los carteles de clausura y mirar hacia adentro de la clínica. Algunos preguntaban qué había pasado. Otros ya conocían la noticia y aprovechaban para contar versiones y rumores que, según aseguraban, circulaban desde hacía años alrededor del lugar.
A pocos metros de la clínica, Lorena Benítez, comerciante de una panadería de la zona, aseguró que desde hacía tiempo circulaban comentarios negativos sobre el lugar. “Algo se rumoreaba, cosas se decían”, contó a este medio mientras observaba el movimiento sobre la avenida. “Nunca pensé algo así, pero sí se escuchaba que había problemas. Había familiares que venían a reclamar y mucha gente comentaba cosas”. La mujer explicó que durante años vio movimientos constantes alrededor de la clínica y situaciones que llamaban la atención de los comerciantes de la cuadra. “Uno escucha porque estamos todo el día acá. Siempre había algún comentario”, agregó.
Otro vendedor que trabaja sobre la avenida relató que muchas personas comentaban situaciones extrañas relacionadas con la atención dentro de la clínica. “Se hablaba mucho de este lugar. Había gente que decía que ibas por una cosa y salías con otra”, sostuvo.
A pocos locales de distancia, Marta Ferreyra, dueña de otra panadería cercana, recordó que incluso dentro de su propia familia le habían recomendado evitar atenderse allí: “Mi hermana me había dicho que no me atendiera acá porque no se escuchaba nada bueno. Siempre hubo comentarios raros sobre cómo trabajaban”, dijo.
Frente al edificio clausurado, Daniel, vecino histórico de la zona, observaba el movimiento inusual. Dijo que conocía personas que habían ido a atenderse allí. “Vinieron amigos, vinieron conocidos del barrio, pero terminaron peor de lo que estaban”, comentó. Y sumó: “No me sorprendió que pasara lo que pasó. Lo que no sé es qué hacían los médicos. Todo monetario. Entraban personas mal y salían peor. Apenas iban a atenderse, quedaban hechos bolsa”.
La desconfianza hacia la clínica también apareció en el relato de Erika, vecina de González Catán, quien aseguró que tiempo atrás había pedido un turno médico, aunque finalmente decidió cancelarlo después de acercarse personalmente al edificio. “Yo tenía turno con una ginecóloga acá —contó—. Pero vine hasta el lugar y no me dio confianza la gente que estaba adentro, entonces decidí no atenderme”. La mujer explicó que recién después de ver las noticias entendió aquella sensación que había tenido cuando visitó la sede. “Cuando vi todo lo que pasó, pensé que había hecho bien en no entrar”, sostuvo.
Otro vecino señaló una puerta lateral del edificio y aseguró que anoche vio salir por allí a una persona encapuchada. “De esa puerta del costado salió un hombre tapándose todo”, relató. “Parece una pared normal, pero es una puerta. Como está escondida, casi nadie la nota. Yo lo vi salir y era obvio que era alguien del lugar”.
“Todo era raro adentro”Mientras algunos vecinos admitían que nunca habían ingresado a atenderse en la clínica, otros coincidían en que los precios llamaban la atención por lo bajos que eran en comparación con otros centros médicos de la zona. “Era muy barato para todo lo que ofrecían”, comentó una mujer que observaba los carteles de clausura desde la parada de colectivo.
El recorrido de este medio continuó luego hasta otra sede de Argentina Salud, ubicada también sobre la avenida Brigadier General Juan Manuel de Rosas, al 20956. Allí la situación era similar: puertas cerradas, carteles oficiales pegados sobre los vidrios y personas acercándose para mirar qué había ocurrido. Algunos recién se enteraban en ese momento de la clausura total de las sedes y se encontraban con las puertas bloqueadas cuando iban a atenderse o buscar estudios médicos.
José llegó hasta el lugar para retirar estudios médicos de su hijo. “Los estudios que me tenían que entregar son importantes. Vine hasta acá porque la otra sede me queda más lejos”, dijo. El hombre aseguró que desconocía completamente la noticia y que nadie le había avisado sobre la clausura de la clínica. “¿Y ahora qué hago?”, preguntó. “Necesito esos estudios. Ellos tienen toda la información de mi hijo”.
El hombre intentó comunicarse varias veces por teléfono, pero no obtuvo respuesta. Permaneció durante varios minutos frente a la puerta cerrada mirando el interior de la clínica antes de alejarse lentamente de la entrada.
A pocos metros, apoyado sobre una bicicleta, un hombre que prefirió no dar su nombre reconoció que se atendía habitualmente en esa sede y que incluso había recibido advertencias antes de comenzar a asistir. “Ya me habían dicho que no venga acá, pero igual vine”, relató. “Me atendía con un clínico y un cardiólogo. La consulta salía 20 mil pesos y los estudios, entre 10 y 15 mil”. Según explicó, desde hacía tiempo percibía situaciones extrañas dentro de la clínica y aseguraba que el funcionamiento general no se parecía al de otros centros médicos donde había estado anteriormente. “Todo era raro adentro. No parecía una clínica típica”, sostuvo. “Ahora me voy a atender en otro lado, no me queda otra. Pero era sabido que algo iba a pasar”.
Denuncias de pacientesLas críticas hacia la institución también aparecían reflejadas en internet. LA NACION revisó distintos comentarios publicados por usuarios sobre la clínica y encontró múltiples cuestionamientos vinculados a la atención médica y al funcionamiento del lugar. Uno de los mensajes, publicado hace cinco meses por una usuaria identificada como Daniela Novaro, advertía: “No vayan!!!! MEDICAN MAL!! MI NENA ESTÁ SUPER GRAVE POR ELLOS. ESTOY LLEVANDO EL CASO CON ABOGADOS PARA CERRAR EL LUGAR. HAY MÁS DE 5 PERSONAS SUMADAS A ESTO”.
Una de las personas que se manifestó ayer frente a una de las sedes dijo en declaraciones televisivas que su padre murió en el establecimiento luego de que le inyectaran una medicación y le dijeran que volviera a su hogar. “Murió a los 15 o 20 minutos”, lamentó.