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Tiene 25 años. Nieto de un legendario deportista, sueña con brillar como actor y habla de su infancia: “Transformaron el caos en amor”

Que es increíblemente igual. Que es tan parecido que te deja sin palabras. A Agustín Monzón (25) no hay quien no le diga que es un calco de su abuelo, Carlos Monzón, considerado el mejor boxead...

Que es increíblemente igual. Que es tan parecido que te deja sin palabras. A Agustín Monzón (25) no hay quien no le diga que es un calco de su abuelo, Carlos Monzón, considerado el mejor boxeador argentino de todos los tiempos. Se lo dice la gente en Santa Fe, donde él nació y donde también nació la leyenda de su abuelo. Se lo dicen en las redes sociales y, por supuesto, se lo dice Silvia, su mamá y la única hija mujer de los tres hijos que el campeón mundial tuvo con su primera esposa, Mercedes Beatriz “Pelusa” García, cuando ve, en los rasgos y en los gestos de su hijo, las similitudes físicas con su padre, campeón de categoría peso mediano durante casi una década. Hay, sin embargo, diferencias entre Agustín –el menor de cuatro hermanos– y su abuelo. Una de ellas es que Agustín es actor. “Fue mi deseo desde que soy chico. Más tarde y mientras estudiaba para formarme, me presenté a todos los castings. Recién al cuarto año quedé en una película. Y no fue gracias a mi apellido. En el mundo de la actuación, el apellido Monzón no me dio ningún contacto ni me abrió ninguna puerta”, dice él.

–No conociste a tu abuelo: vos naciste en 2001 y él murió en 1995.

–Exacto, hay seis años de diferencia. A través de lo que mi mamá y mis tíos, Carlos Alberto y Abel, nos fueron contando a mis hermanos y a mí, fui armando su historia. “El de la estatua de la Costanera, ¿es San Martín o Belgrano?”, preguntábamos nosotros cuando pasábamos por la figura de bronce, de casi 7 metros. “Es tu abuelo”, nos respondían como si fuera lo más natural del mundo. “¡¿Susana Giménez estuvo con el abuelo?! ¿Se separó de la Pelu y se puso de novio con ella? ¿Susana es la madrastra de mi mamá?”, preguntaba yo, cuando era chico y todavía no entendía. “¿Mickey Rourke, el actor de Iron Man, visitó al abuelo en la cárcel de Las Flores?”. Tenía, por un lado, la representación de un Carlos Monzón sentimental y expresivo; por otro lado, la figura del mujeriego, altanero y poderoso. Tenía, también, la idea del Carlos Monzón de los hitos deportivos y, al final –sin justificar nada de lo que pasó–, la imagen de la persona abatida. A lo largo de los años, muchísimas personas me han abrazado y me han dicho lo mucho que mi abuelo significó en sus vidas. Siempre había alguien que me relataba algo: “Fui al cumpleaños de 15 de tu mamá: ella llegó a su fiesta en helicóptero y la bajaron en una caja de bombones”.

–Elegiste usar “Monzón” como apellido artístico. ¿Le molestó a tu papá esa decisión?

–En el DNI, mis hermanos y yo tenemos el apellido compuesto: Gómez Monzón. Pero ya desde la escuela, cuando me tomaban lista decían “Monzón, Agustín”. No decían el Gómez. A mi papá no le molestaba: entendía la magnitud del fenómeno Monzón. En Santa Fe, Monzón era cotidiano, como la cumbia. En mi caso, nunca me sentí diferente por llevar ese apellido. En el colegio evangélico al que fui, mi apellido nunca fue importante. Siempre fui uno más.

–¿Cómo fue la reacción de tus padres cuando contaste que querías ser actor?

–No entendían nada. . Hice todos los deportes habidos y por haber, pero ni mis hermanos ni yo salimos deportistas profesionales: Julieta (40), mi hermana mayor, tiene una peluquería junto con Milagros (30), mi otra hermana. Benjamín (25) es abogado. Para calmar los ánimos en casa, me anoté en Abogacía, pero me mudé a Buenos Aires apenas pude. Fue duro: mi familia es muy unida; soy el menor y el único que se fue de Santa Fe.

–¿Y qué sentiste cuando te calzaste los guantes para boxear?

–No soy boxeador, pero aprendí a boxear. A pesar de que ya había personificado a un boxeador en la serie Monzón, participar en Pararse de manos fue distinto. Porque, si bien se trató de una performance, había algo que me interpelaba: tenía la fantasía de saber qué siente un boxeador profesional en un ring con un estadio repleto. A veces, consciente o inconscientemente, uno busca paralelismos; y quizás había algo de vincularme con esta parte deportiva de Carlos Monzón. Esa fue una búsqueda personal y, al mismo tiempo, una gran experiencia artística. Me gusta ir sumando aprendizajes. Gracias a haber estado en Survivor Expedición Robinson sé cómo interpretar a un náufrago…

–Si te convocan, podrías personificar a tu abuelo en la biopic de Susana Giménez.

–Si me tocara representarlo, sabría perfectamente cómo hacerlo. Aunque esa no fue mi realidad, sé de los golpes, de la presión y lo que es pasar hambre por una pelea. Mi abuelo Carlos empezó a pelear a los 8 años por el pancho y la coca. En el ring, te das cuenta cuando alguien pelea porque necesita salir adelante como sea.

–El capítulo más oscuro de tu abuelo, el de la cárcel, ¿pesa? .

–No fue un buen momento para mi familia. Lejos de eso. Mi abuelo llegó a lo más alto del mundo, se cayó y subió, se cayó y subió; y se cayó. En el medio de las polémicas, mi familia atravesó situaciones que la gente desconoce, como empezar de cero. “De nada sirven los lujos si no tenés un segundo de paz”, nos ha dicho mi mamá siempre. Con la ayuda de Dios, la abuela Pelusa y mi mamá lograron torcer la historia, sanar el pasado. Admiro a las mujeres fuertes de mi familia: ellas transformaron el caos en amor y crearon una nueva generación donde las cosas fueron diferentes. Uno es de donde viene y hacia donde va. Formo parte de una nueva generación de Monzón. Sí, soy nieto de Carlos Monzón, pero este es mi camino y me estoy encargando de ser quien soy.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/revista-hola/tiene-25-anos-nieto-de-un-legendario-deportista-suena-con-brillar-como-actor-y-habla-de-su-infancia-nid12052026/

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