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Paulina Porizkova y Ric Ocasek: un eterno amor “egoísta” que nació prohibido y terminó con una traición impensada

La historia entre Paulina Porizkova y Ric Ocasek no fue simplemente la clásica unión entre una supermodelo y una estrella de rock. Fue, más bien, el encuentro de dos seres marcados por carencias...

La historia entre Paulina Porizkova y Ric Ocasek no fue simplemente la clásica unión entre una supermodelo y una estrella de rock. Fue, más bien, el encuentro de dos seres marcados por carencias emocionales profundas que, durante décadas, encontraron en el otro una forma —imperfecta, intensa y a veces dolorosa— de reparación.

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Su vínculo atravesó el auge de la cultura MTV, la exposición mediática, la consolidación de una familia y, finalmente, una separación que no logró deshacer el lazo esencial que los unía.

El flechazo en la era del videoclip

Corría 1984 cuando Paulina, con apenas 18 años, llegó al set de rodaje del videoclip de “Drive”. Era joven, magnética y ya comenzaba a abrirse camino en el modelaje internacional. Frente a ella estaba Ric Ocasek, líder de The Cars, un músico de 40 años, reservado, con gafas oscuras y un aura distante que contrastaba con la intensidad expresiva de ella.

Durante la filmación, Paulina no se limitó a ser una cara bonita. Lloró, gritó, se movió con una libertad emocional que rompía con el molde de “modelo decorativa”. Esa fuerza fue, en gran medida, lo que capturó la atención de Ric.

El flechazo fue inmediato, aunque no simple: él estaba casado y tenía hijos. Pero la relación avanzó con la lógica de un romance vertiginoso, casi cinematográfico. Para Paulina, él representaba algo más que un amante: era protección, admiración, validación.

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Años más tarde, ella recordaría ese inicio como un torbellino: apasionado, absorbente, casi inevitable.

Una pareja icónica

Cinco años después de conocerse, en 1989, se casaron en una ceremonia privada. Para entonces, ya eran una de las parejas más fotografiadas del ambiente artístico neoyorquino.

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Ella se había convertido en una de las primeras supermodelos globales, incluso antes de la explosión mediática de los años 90. Él, en cambio, comenzaba a correrse del centro de la escena, encontrando un lugar más cómodo como productor y figura influyente detrás de nuevas bandas.

La combinación resultaba fascinante para el público: la mujer considerada una de las más bellas del mundo junto a un músico que no encajaba en los estándares tradicionales de atractivo. Esa aparente contradicción generaba una pregunta recurrente: ¿qué veía Paulina en él?

Su respuesta, con los años, se volvió clara y honesta: no buscaba belleza convencional, sino algo más profundo, más emocional. Para ella, Ric era el hombre más sexy del mundo, incluso décadas después.

Tuvieron dos hijos, Jonathan y Oliver, y construyeron una vida familiar que, hacia afuera, parecía sólida y estable. Compartían eventos, círculos sociales y una presencia constante en la cultura pop de la época.

Cicatrices

Con el tiempo, Paulina empezó a reinterpretar su relación desde un lugar más introspectivo. Llegó a definir su vínculo como un “amor egoísta”, no en el sentido superficial del término, sino como una dinámica en la que ambos satisfacían necesidades emocionales profundas.

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Ella buscaba ser amada de una forma que reparara las heridas de su infancia. Él, en cambio, necesitaba ser admirado, validado, sostenido por alguien que también reforzara su identidad pública. “Era como si nuestras cicatrices encajaran perfectamente”, explicó ella en algún momento.

Durante años, esa estructura funcionó. Pero también implicaba un desequilibrio: Ric ocupaba el rol de figura dominante, incluso indicándole qué vestir o cómo comportarse en ciertos momentos. Paulina, joven y en proceso de formación, se adaptó a ese esquema.

El desgaste silencioso

Después de más de dos décadas juntos, la dinámica comenzó a cambiar. Paulina ya no era la joven que admiraba con devoción absoluta a Ric: era una mujer con carrera, experiencias propias, una identidad consolidada y una fortuna ganada a fuerza de trabajo. Ese cambio alteró el equilibrio de la relación.

Según ella misma relató, Ric comenzó a retraerse, a volverse emocionalmente distante. La forma en que manejó esa transformación fue, principalmente, el silencio y la desconexión.

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Finalmente, tras casi 30 años de matrimonio, se separaron en 2017. Sin embargo, la ruptura no fue total. Continuaron conviviendo durante un tiempo y mantuvieron un vínculo cercano, especialmente por sus hijos.

En 2018, Paulina anunció públicamente la separación con una metáfora que resumía perfectamente su historia: seguían siendo una familia, pero ya no pedaleaban en la misma dirección.

El último golpe

En 2019, cuando ya llevaban tiempo separados, Ric fue sometido a una cirugía por cáncer de pulmón en etapa temprana y la recuperación parecía ir bien.

Paulina seguía ahí, cuidándolo, acompañándolo, compartiendo momentos cotidianos con él y sus hijos. Esa cercanía demostraba que, más allá de la ruptura, el vínculo emocional persistía.

Una mañana, al llevarle café, lo encontró en la cama. Parecía dormido. Pero no lo estaba: había fallecido durante la noche.

La escena, íntima y silenciosa, marcó el cierre definitivo de una historia que nunca había terminado del todo.

Más tarde se supo que la causa de la muerte fue una enfermedad cardíaca agravada por enfisema.

Para Paulina, el duelo fue devastador. Pero hubo un golpe adicional: descubrió que Ric la había excluido de su testamento, acusándola de haberlo “abandonado”.

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Esa decisión abrió una herida nueva, difícil de procesar. Ella misma expresó dudas sobre si realmente había sido una decisión consciente de él o influencia externa. Aun así, con el tiempo, logró un acuerdo legal que le otorgó parte de la herencia. Pero el daño ya estaba hecho.

Un amor eterno

A pesar de todo —la separación, los conflictos, la herencia— Paulina sostuvo una idea central: el amor entre ellos no desapareció. Lo definió como algo tangible, persistente, imposible de borrar.

Para entender completamente su relación con Ric, es fundamental mirar la historia personal de Paulina, una historia marcada por la pérdida y la reconstrucción.

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Nacida en Checoslovaquia en 1965, su infancia estuvo atravesada por el abandono. Sus padres huyeron del país durante la invasión soviética y ella quedó atrás, al cuidado de sus abuelos.

Durante años, su vida fue expuesta mediáticamente sin que ella lo comprendiera del todo: fotógrafos la retrataban como símbolo de una tragedia política.

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Cuando finalmente logró reunirse con su familia, la situación tampoco mejoró. Su padre los abandonó, y en la escuela sufrió bullying y exclusión. Ese contexto moldeó profundamente su necesidad de amor, pertenencia y validación.

Su entrada al mundo del modelaje fue casi accidental, pero determinante. Un agente vio una foto suya y quedó obsesionado. Tenía buen ojo: a los 14 años Paulina ya estaba en París, trabajando con grandes agencias.

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Sin embargo, ese mundo también tenía un lado oscuro: abusos, cosificación y una presión constante por cumplir estándares imposibles.

Durante años, su autoestima estuvo atada a su apariencia. Recién con el paso del tiempo pudo empezar a reconstruir una relación más sana con su propia imagen.

Décadas después, ya en sus 60, Paulina reflexionó sobre ese recorrido con una claridad conmovedora. Reconoció que, incluso en la cima de su belleza y éxito, se sentía profundamente insegura.

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Hoy, en cambio, se permite valorarse desde otro lugar. No desde la perfección, sino desde la aceptación. Incluso bromea con la idea de querer verse mejor que nunca, no para responder a expectativas externas, sino para sentirse bien consigo misma.

La muerte de Ric marcó un punto de quiebre. Paulina habló abiertamente del dolor, incluso de momentos en los que no sabía cómo seguir adelante. Pero también inició un proceso de reconstrucción. Con el tiempo, volvió a enamorarse, a proyectar, a imaginar un futuro. Porque si algo define su historia —más allá del glamour, la fama o el drama— es su capacidad de reconstruirse.

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En el último mensaje que la supermodelo le dedicó a su exesposo en las redes, brinda un resumen de esa historia de amor que la marcó: “Esta foto captura un lado de nuestra relación, uno que no era visible para el público. A pesar de que era 21 años mayor, y de muchas maneras reemplazó a mis padres durante 35 años, fui yo quien lo protegió fuertemente a él. Yo quería ayudarlo. Quería arreglarlo. Quería curar al niño asustado en su corazón al que estaba tan decidido a proteger que incluso contra mí. Quería lograr que fuera un mejor padre. Pero en última instancia, lo que quería era ser amada por alguien que se pareciera a mis padres”, expresó junto a la foto en la que los ve jóvenes, juntos y enamorados.

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Y señaló: “Él a su vez, quería ser adorado por alguien que tuviera algún tipo de relevancia pública. Quería ser amado por alguien que lo hiciera quedar bien. Fue una especie de amor egoísta para ambos. Pero funcionó maravillosamente durante mucho tiempo. Me gusta pensar en ello como las cicatrices de nuestra infancia colocadas de tal manera en nuestros cuerpos, que cuando nos abrazamos, encajaban perfectamente. Hoy, estoy agradecida por todos los años que abrazamos en un ajuste perfecto, sean cuales sean las razones”.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/personajes/paulina-porizkova-y-ric-ocasek-un-eterno-amor-egoista-que-nacio-prohibido-y-termino-con-una-traicion-nid13052026/

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