Pacifica Quartet: el origen de su nombre, el prestigio que le dieron los concursos y su debut en el Teatro Colón
El nombre y las mismas ganas de hacer música juntos. Eso es lo que conservan intacto de aquel impulso juvenil con que, hace más de treinta años, reunidos en la costa oeste de los Estados Unidos,...
El nombre y las mismas ganas de hacer música juntos. Eso es lo que conservan intacto de aquel impulso juvenil con que, hace más de treinta años, reunidos en la costa oeste de los Estados Unidos, cuatro músicos fundaron el Pacifica Quartet. Dos veces ganador del premio Grammy y actual residente de la Universidad de Indiana, el prestigioso ensamble llega a la Argentina por primera vez, invitado por el Mozarteum Argentino para ofrecer un concierto esta noche en el Teatro Colón.
Imperdible para los amantes de la buena música por varias razones y por una en especial. El intenso Cuarteto nº 13 op 130 de Beethoven, obra cumbre del repertorio para la formación, que el Pacifica interpretará con el final de la “Gran Fuga”, música que el genio alemán originalmente compuso como sexto y último movimiento pero que en la historia (debido a la dificultad técnica y a las complejas ideas que la hacen una música de difícil recepción por parte del público), fue suprimida y catalogada con un opus diferente. De modo que el Cuarteto op 130 con su “Gran Fuga op 133″ solo se ejecuta completo, tal como se apreciará esta noche, de manera excepcional. Pero antes de la fuga, el momento sublime de la Cavatina del quinto movimiento.
Uno de los violinistas que estrenó la obra en 1826, un año antes de la muerte del titán, describió el fragmento como la inspiración más elevada que jamás se haya escrito. A tal punto que la pieza se incluyó en la cápsula del tiempo que en 1977 fue lanzada al espacio para que, si en un incierto futuro llegara a ser descubierta por una civilización extraterrestre, ésta descubriera la profundidad de pensamiento y emoción a la que llegó la especie humana.
Sobre éste y otros temas, el cellista fundador del ensamble, Brandon Vamos, dialogó con LA NACION. “Lo primero que quiero decir es que esto es muy especial para nosotros, estamos emocionados de ir a la Argentina porque llevamos más de treinta años juntos y estaremos tocando allí por primera vez. Estamos ansiosos de experimentar el magnífico Teatro Colón, su acústica y su audiencia”.
–Es una curiosidad el nombre asociado al Pacífico...
–Nuestra idea original era vivir en Los Ángeles. De allí surgió nuestro nombre, Pacifica Quartet. Al poco tiempo conseguimos un trabajo en Chicago y lo aceptamos. Éramos muy jóvenes y un trabajo así era importante. Nos mudamos y vivimos allí durante muchos años. Chicago fue decisivo porque un cuarteto depende de sus conciertos para ganarse la vida. Allí teníamos una gran escuela de música y una ciudad llena de oportunidades y lugares donde tocar. Actualmente estamos en Indiana. Vivimos en Bloomington, que claramente no está cerca del Océano Pacífico (risas). Pero nunca cambiamos nuestro nombre porque cuando dejamos L.A., ya habíamos participado en competencias de alto nivel, teníamos premios, actuaciones y prestigio, de modo que al cambiarlo perderíamos mucho de lo conseguido en materia de reconocimiento. Y decidimos mantenerlo porque además nos gusta mucho.
–Hablando de concursos, en las competencias de solistas (piano, violín, canto) las diferencias suelen surgir más nítidas que en los ensambles. ¿Qué criterios prevalecen en el rubro?
–Coincido en que es un terreno más difuso y difícil que evaluar. Cuando se trata de varios músicos a la vez, todo pasa a un campo más subjetivo, pero hay elementos a los que los jueces y el público se pueden aferrar: los aspectos técnicos de la ejecución, el nivel de afinación, lo compacto del ensamblaje de las partes, el equilibrio con que se mezclan, la identidad de sonido que desarrolla el grupo. Todos estos aspectos solo entran en juego cuando se trata de música de cámara. Claro que cuando hablamos de competencias de alto nivel, se vuelve más difícil de discernir, es menos objetivo y más conforme al gusto de los jueces. La verdad es que cuando participé como jurado de concursos, no disfruté de la experiencia porque sentía que a cada uno lo podía elegir por una razón, que podía tomar caminos y enfoques diferentes, que todos eran válidos y que era arduo optar por uno. De jóvenes competíamos porque es necesario hacerse notar para empezar una carrera importante. Era estresante. Muchos nervios y ansiedad, pero lo hacíamos igual y al final salíamos bien porque teníamos éxito y ganábamos. Se necesita un papel, algo escrito que diga quién sos, por qué te tienen que contratar y por qué te tienen que escuchar.
–Si te pusieras en el lugar de esos jurados que los eligieron. ¿Qué dirías que trasciende del cuarteto Pacifica?
–Me resulta difícil hablar de nuestro sonido en comparación con otros. Sí te puedo decir lo que hablamos en nuestros ensayos: cómo ser expresivos y acercarnos al canto. Eso buscamos, imitar a los cantantes. ¡Y hablamos muchísimo de los colores! Somos muy afortunados con los instrumentos de cuerdas, en especial la formación del cuarteto, por contar con una infinidad de tonos y colores. El cuerpo más o menos denso, la velocidad más o menos rápida, el toque, la variación de color. Es infinito. Gran parte de nuestra práctica diaria consiste no tanto en los aspectos técnicos como en el carácter y la expresividad, en buscar la personalidad de la música y crear el tipo de sonido con que vamos a interpretarla. El proceso creativo es lo que más disfrutamos.
–¿Qué podés decirnos del programa?
–Es un programa fantástico y ojalá el público lo sienta igual. Comenzamos con una pieza que Mendelssohn escribió a los 18 años, lo cual es fenomenal. Estaba muy influenciado por Beethoven y esa conexión queremos destacarla. En el centro tocamos las “Metamorfosis nocturnas” de Ligeti, una creación con mucha energía y riqueza basada en un tema de 4 notas sobre las que elabora una infinidad de variantes, esas llamadas “metamorfosis” de los sonidos nocturnos (aleteos de insectos y otros efectos). Es una de mis obras preferidas del siglo XX, una partitura desafiante y difícil pero súper efectiva. A menudo nos pasa que el público, que le tiene miedo porque es desconocida, al final nos reconoce que fue la favorita. Por último, el opus 130 de Beethoven, una composición monumental, de las grandes obras de la historia de la música, que escribió al final de su vida. Ese tiempo, en el que ya estaba completamente sordo y aislado del mundo, lo dedicó a sus últimos cuartetos con una música personal y experimental. En ese estilo tardío, Beethoven se sumerge en las emociones más profundas y humanas que puedan imaginarse en la música. Un fragmento conmovedor como Cavatina y una conclusión como la “Gran Fuga”, con esa manera monumental de terminar la pieza, ponen al músico en otra dimensión del arte. Cuando en 1826 se escuchó la fuga por primera vez, el público quedó insatisfecho. No pudo comprenderla. El editor entonces le pidió que escribiera un final accesible con el que habitualmente se toca este opus. Pero nosotros, en cambio, tocamos su versión original. Seguimos la intuición de Beethoven: un sonido que fue demasiado moderno y complejo para su tiempo.
Para agendarConcierto de música de cámara del Mozarteum Argentino. Con Pacifica Quartet. Músicos: Sinim Ganatra (violín), Austin Hartman (violín), Mark Holloway (viola) y Brandon Vamos (cello).
Programa: Cuarteto para cuerdas n.º 2 op. 13, de F. Mendelssohn; Cuarteto para cuerdas n.º 1, “Metamorfosis nocturnas”, de György Ligeti, y Cuarteto para cuerdas n.º 13 op. 130 con la “Gran Fuga” op. 133, de Beethoven. Hoy, a las 20, en el Teatro Colón.