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Ni la verdad es suficiente para salvar a Adorni

“Una mentira nunca puede deshacerse. Ni siquiera la verdad es suficiente”, escribió Paul Auster en su reconocida obra La trilogía de Nueva York, dónde dejaba en claro que la mentira produce ...

“Una mentira nunca puede deshacerse. Ni siquiera la verdad es suficiente”, escribió Paul Auster en su reconocida obra La trilogía de Nueva York, dónde dejaba en claro que la mentira produce un daño irreparable, porque una vez que se altera la realidad con un engaño, el daño estructural es permanente, la confianza se quiebra y ya no alcanza con volver a la verdad utilizándola como acción reparadora.

Ese es el dilema que tiene atrapado al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, y al propio presidente, Javier Milei, si decidieran tener un gesto de reconciliación con la sociedad y, sobre todo con sus votantes, diciendo la verdad y reconociendo las mentiras dichas por Adorni, como una manera de recuperar la iniciativa, recomenzar el diálogo social y político, sepultando la farsa, para poder dar un paso adelante; chocarían con una realidad que no saben interpretar, porque ninguna relación puede sanar rápidamente después de tantas mentiras con consecuencias deplorables. Todo indica que, en términos políticos, ya sería tarde para dar ese paso; hay lugares desde donde cuesta más volver, y este es uno, porque ya no hay interpretaciones posibles: el jefe de ministros claramente mintió. Lo hizo en varias entrevistas y, aún más grave, por lo que significó institucionalmente, lo hizo también cuando en la Cámara de Diputados el 29 de abril pasado afirmó que “nunca existió ocultación alguna”, algo que él mismo expuso como una invención la semana pasada. Ese día, el Presidente y casi todo su gabinete, aplaudieron desde un palco, haciendo callar e insultado a los legisladores sentados en el recinto, al grito de “¡Bravo Manuel!”, un gesto político que hoy los convierte en cómplices de aquella mentira. La tozudez que marcó a los hermanos Milei en esta historia llega a su fin, o será por decisión de ellos o se verán obligados a hacerlo; en estas horas todo indica que una posible sesión legislativa marcaría el final de la permanencia de Manuel Adorni en el gobierno.

Fue Nicolás Maquiavelo, a quien Milei dio por muerto, víctima de las ideas del mercado que se terminaron imponiendo a las ciencias políticas -afirmación por demás discutible y desmedida- quien perfeccionó la doctrina sobre el uso de la mentira. Su obra El príncipe es el testimonio de ese viejo recurso que domina a gran parte de la política, porque allí señalaba que “la mentira es una herramienta política legítima y necesaria para que un gobernante conserve el poder y garantice la estabilidad del Estado”. Claro que Maquiavelo sugería que el engaño no es un fin en sí mismo, sino un recurso estratégico indispensable frente a las complejidades del poder, pero claramente no habilitaba el uso de la mentira para ocultar un delito. Quizás por eso Milei indicó que esas ideas yacían a los pies del mercado, porque interiormente debe creer que el mercado es más permisivo con este tipo de acciones que la gestión pública, donde sí conforman una acción delictiva. Los argentinos conocemos la corrupción pública, pero también sabemos que algunas veces se la puede castigar. Hay una expresidenta condenada que confirma esto y un par de decenas de exfuncionarios que también fueron alcanzados por la justicia.

La mentira es una constante en este gobierno, y va más allá de Manuel Adorni. El propio presidente Milei es una persona que está enemistada con la verdad. Un claro ejemplo se vio en el Caso $LIBRA cuando dijo que solo promovió la criptomoneda “porque vio pasar la información”. Sin embargo, días atrás, un análisis realizado por el sector especializado en cibercrimen de la Policía Federal, indicó que la moneda no estaba enlistada en ninguna plataforma centralizada de compra y que solo un único actor tenía el “control primario absoluto” sobre los mil millones de unidades de $LIBRA creadas el 14 de febrero de 2025, a las 18:38. Esa cuenta, según la investigación, estaba en manos del equipo de Hayden Davis, personaje oscuro y artificie necesario de la supuesta megaestafa a nivel global. Milei nunca respondió con la verdad una pregunta esencial: ¿quién le aportó esa información para promocionar la cripto? porque nunca explicó de qué manera obtuvo el contrato alfanumérico de 44 caracteres necesario para adquirirla, teniendo en cuenta que la criptomoneda había sido creada apenas 23 minutos antes de su posteo y todavía no aparecía listada en sitios de intercambio. Ahora sabemos quién era el único que tenía esos datos y pudo acercárselos al Presidente para ser posteados en su red social, posteo que quedó “fijado” por unas horas en la cuenta del Presidente hasta que estalló el escándalo. Por eso cada vez toma más fuerza la hipótesis que señala que el caso Adorni está vinculado con la causa $LIBRA. Las propias contradicciones públicas de sus actores abrieron esa puerta.

El populismo es el método de dominación que recurre al cinismo para poder alcanzar el éxito

Curiosamente este gobierno, que dice luchar contra el populismo, toma todas sus recetas y las sigue al pie de la letra. No se necesita ser un analista político experto para saber que, basándose en experiencias de gobiernos con esa impronta, el populismo es el método de dominación que recurre al cinismo para poder alcanzar el éxito, emplea la mentira, tergiversa los temas e induce a la confusión general cuando acomoda los resultados de gestión a su favor, sin importar si éstos son ciertos. Invierten así el apotegma donde, paradójicamente, se identificó por 80 años el peronismo. Porque para el populismo libertario: “mejor que hacer, es decir”. Son incontables las veces que el mismo Presidente dijo o publicó indicadores socioeconómicos comprobadamente desmedidos y falsos que involucran a millones de personas y familias que en una medición pública no pueden ser irrelevantes.

Hoy no alcanza con señalar que existieron hechos más graves, no se mide la corrupción por monto, no se cuantifica, porque cualquiera se puede sentir libre de pensar que “si hoy roban dos pesos, y se la dejamos pasar, mañana pueden ser mil”. Medirlo así hace pensar que el antikirchnerismo puede resultar más dañoso que el mismo kirchnerismo, porque es la voluntad en esa acción la que se debe impedir y castigar y no la cuantía o el protagonista, cuando el dedo acusador se posa según quién sea el que comete un ilícito y no en el hecho en sí. Por todo esto, lo del jefe de Gabinete toma otro cariz. Al “ida y vuelta” con sus explicaciones, viajes desmentidos y luego confirmados, compra de propiedades que engrosan un patrimonio que no puede justificar, préstamos inverosímiles, sumado a reconocerse como un “evasor”, justificado porque a “la vieja política” no se le pagaba impuestos, haciendo que millones de argentinos contribuyentes se sientan estúpidos frente a quien ocupa uno de los cargos con más poder político en el Estado, se le puede sumar su soberbia incomprensible, demostrada al extremo cuando exigió “disculpas” a periodistas que solo preguntaban. Ahora podemos confirmar que lo hicieron correctamente. Es tan turbio todo, que solo por temor a Karina Milei, su jefa, muchos en el Gobierno no dicen públicamente lo que cuentan en privado: “Adorni nos hizo un daño irreparable”.

En estos días, aferrado a su lógica y determinación política, el Gobierno está dando muestras de estar convencido de que la sociedad prefiere escuchar mentiras agradables antes que verdades penosas. Si, como indican las versiones en los pasillos del poder, se toma la decisión de correr a Adorni, premiando su lealtad con un cargo diplomático en una embajada o en un consulado -esto último es más factible porque no necesitaría de la aprobación del Senado- para además correrlo de la agenda cotidiana porque residiría fuera del país, sería el episodio final de una historia llena de deshonras al comportamiento moral.

Lo peor es que confirmaríamos que nuevamente estamos ante un gobierno que decide encubrir a los propios, antes que asumir responsabilidades con decencia. Es una situación muy similar a la vivida por el kirchnerismo defendiendo al entonces vicepresidente Amado Boudou, cuando fue denunciado en la causa Ciccone en 2012. En aquel entonces los ministros y legisladores kirchneristas manifestaban que la responsabilidad estaba exclusivamente en el periodismo: “la operación periodística contra Amado Boudou es vergonzosa”, decían, utilizando las mismas palabras que el actual gobierno esgrime en el caso Adorni. Vale recordar tanto esto cómo realizar esa comparación, porque el final de affaire Boudou también lo conocemos todos.

Todo esto llevó a que, desde hace unos meses, comenzó a percibirse otro tipo de interpelación al poder de turno en la conversación pública, incluso en aquellos que no se permiten ni remotamente pensar en volver al pasado, pero empiezan a reconocer que el “cambio”, del que tanto hablan, puede estar solo en el modelo económico, nadie duda de eso, algo que la sociedad dirimirá si es o no positivo, pero lo que sí está claro es que hay comportamientos tan poco éticos en este gobierno que se vuelve imposible reconciliar la gestión política con la transparencia, es más, hay muchos ejemplos que dan cuenta que eligieron pararse en sus antípodas. Ese lugar donde, desde siempre, todos asumen que no existe otro antídoto para la verdad que no sea la mentira.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/opinion/ni-la-verdad-es-suficiente-para-salvar-a-adorni-nid18062026/

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