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Lucas Zelarayan: el 10 de Belgrano que juega con el corazón en la mano y sueña con la vuelta olímpica

No jugó nada bien y, peor aún, pateó el primer penal de la serie decisiva a las manos del arquero Brayan Cortés. Quería desaparecer de la Paternal, Lucas Zelarayán, un 10 como los de antes, p...

No jugó nada bien y, peor aún, pateó el primer penal de la serie decisiva a las manos del arquero Brayan Cortés. Quería desaparecer de la Paternal, Lucas Zelarayán, un 10 como los de antes, pirata de ley, chino de sobrenombre y armenio de origen y selección. El fútbol, tantas veces, es una moneda al aire: Belgrano, el club que maneja su vida, consiguió el milagro. Un empate en los 90 y sobrevivir a otros tres match points. “¡Dale Belgrano!“, gritaba, con los ojos húmedos, minutos después.

No lo puede evitar: el Pirata lo emociona. La final de este domingo, frente a River, en el estadio Mario Alberto Kempes, no es un partido de fútbol: es la última imagen del sueño que tuvo toda su vida.

“¡Porque tengo la ilusión de salir campeón. Dale Belgrano!”, canta, subido a una mesa. De la Paternal a Córdoba, sin escalas.

“Se disfrutan muchos los procesos. Lo que viví hasta el día de hoy, es un regalo que me ha dado la vida. Y obviamente que ahora sueño con el regalo más grande”, suscribe el volante, de 33 años. Hay banderas y remeras con su nombre: “Pirata desde la cuna”.

El fútbol es un negocio. Un deporte, en realidad, convertido en un monumental negocio. Sin embargo, hay un espacio (enorme, tan inabarcable como difícil de explicar) para la pasión. La genuina, la que nace desde el corazón. El caso Zelarayán, una de las figuras del torneo Apertura, es el ejemplo ideal.

El Chino, como señala su apodo, el Armenio, como indica su sangre y la travesía de selección, volvió por amor a los colores. Sin vueltas: tenía todo para seguir en el exterior (Tigres de México, Columbus Crew de Estados Unidos y Arabia Saudita), pero prefirió volver a Barrio Alberdi. A Belgrano, su casa.

AAAAAAAAAAAAAAA DALEEEEEEEEEEE pic.twitter.com/4YUyhwpjC6

— Belgrano (@Belgrano) May 17, 2026

Cuando hace un gol, se emociona al borde de las lágrimas. Cuando declara, se quiebra. Un desborde pasional. Sin títulos, sin vueltas olímpicas de por medio: solamente ponerse la camiseta y jugar. Ahora, sin embargo, hay algo más.

Su magia y sus lágrimas conmueven en tiempos de drásticos cambios de camiseta y falsos besos al escudo. “El Chino me parece un crack, me encanta que sea fanático de Belgrano. Él pudo cumplir su sueño y para mí eso es magnífico. Ojalá que le hagan un monumento algún día”, sostiene Ricardo Zielinski, otro símbolo que volvió a vestirse de celeste.

Suma 18 partidos, cuatro goles y una asistencia. Bajó el nivel si se lo compara con la temporada pasada, cuando decía cosas como estas: “A la gente le cuesta mucho venir a la cancha y nosotros le fallamos”.

Las tres frases con las que la publicación oficial engalanó su presentación, lo pintan de cuerpo entero. De celeste, claro.

LA CANCIÓN QUE ES VALIENTE, ES CANCIÓN PARA SIEMPRE

🎥 El resumen del pase a la Final del Apertura. ¡Vamos juntos por todo! pic.twitter.com/xJwYcJwfPb

— Belgrano (@Belgrano) May 19, 2026

“No le fallé a mi yo de chico, el que iba a la cancha, no le fallé a ese. Tenía el objetivo y en una edad para competir”.

“No quería volver sólo para darme un gusto. Apenas me fui del club, sabía que iba a volver, bien, competitivo. Es un amor que crece cuando estás lejos. Estos años encontré herramientas para controlar las emociones, y salir un poco del hincha que quiere hacer cualquier cosa para ganar. Es un tira y afloje con eso, no me gusta perder a nada”.

“Me encanta estar vestido de Belgrano. En México, en Estados Unidos, en Arabia. Me llevaban ropa, y el día del partido me levantaba con la ropa de Belgrano puesta. Lo veía tranquilo al partido, sin volverme loco. Lo ves del lado del jugador... Pero por ahí renegaba...”

La noche en la que creó una joya en el Palacio (es un 10 de los de antes), lloraba al declarar: “Volví hace seis meses y no se me daba el gol, la peleé mucho. Es una emoción muy grande. Me cuesta hablar. Porque amo este club y no se me daba el gol, la peleé mucho. Perdón (su voz quebrada le impedía hablar con fluidez)... Es para mi familia, mis amigos, saben lo que vengo sufriendo. Nos merecíamos arrancar así por lo que hemos sufrido”.

Admiraba a Juan Román Riquelme, por una antigua pasión de su padre, pero también intentaba copiarle detalles técnicos a Pablo Aimar. En clave local, se inclinaba por Paolo Frangipane y el Mudo Vázquez, hoy su compañero, en esta rueda del club de pertenencia que también abarca a Emiliano Rigoni.

¡EL CHINO HIZO DELIRAR A ALBERDI! Belgrano recuperó la pelota cerca del área de Racing y Zelarayán metió un tremendo derechazo para marcar el empate parcial del Pirata. pic.twitter.com/2emcJermAD

— SportsCenter (@SC_ESPN) March 22, 2026

Nació en Córdoba capital, pero una parte de su familia reside en San Francisco del Chañar, a 200 kilómetros de la ciudad, en el campo, cerca de Santiago del Estero. Le agrada la conexión ciudad-campo-pueblo. Se prende en algunas guitarreadas que le recuerdan a su infancia. La música que acompañaba sus primeros pelotazos.

El Ruso, que se inclina desde Lanús a hoy con formaciones algo más audaces y que lo quiere como a un niño, le contó alguna vez a LA NACION: “Al Chino lo subimos de las divisiones inferiores cuando tenía 16 años. Es un jugador distinto, con características que no abundan en el fútbol argentino, con un talento natural, de los que nacen de vez en cuando. Fuerte de cabeza y en la toma decisiones. Excelente persona y compañero”.

“Tenía demasiados atributos como para que le fuera bien. Se consolidó y sobresalió. Jugaba libre, él necesita estar cerca del arco contrario porque es determinante. Sabíamos que tenía un destino de club grande o de una venta al exterior. Lo tuvimos poco. En un momento lo quiso River, hubiese funcionado bien porque los buenos jugadores lo hacen en todos lados”.

En 2021, cuando la rompía en la MLS (salió campeón en 2020) aceptó la aventura de la selección de Armenia. “Sabía de mis raíces armenias, pero no tenía vínculos estrechos con la comunidad armenia en la Argentina. Por eso necesitaba tiempo para tomar esa decisión. Después de hablar con mi familia en septiembre, tomé la decisión de unirme al equipo”, le contó al sitio oficial de la FIFA.

Otra decisión que tomó con el corazón. “No estaba convencido al principio y tenía ilusiones de jugar para Argentina. Este año me volvieron a hablar y es una buena vidriera para mí y una buena experiencia”, sostuvo, en ese momento. En 26 partidos, anotó 5 goles y dio 3 asistencias.

Eduardo Coudet, el entrenador de River, hace un mes pidió por su presencia. No lo convence Juanfer Quintero, no lo vuelve loco Tomás Galván. Ahora, lo va a disfrutar (y padecer) a carne viva. En realidad, le acercan propuestas casi todos los días. De múltiples destinos, algunas verdaderamente millonarias. Zelarayán se tapa el ojo izquierdo, recuerda que es un pirata y advierte: “Belgrano es mi lugar en el mundo”. Y está a un partido de la estatua.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/deportes/futbol/lucas-zelarayan-el-10-de-belgrano-que-juega-con-el-corazon-en-la-mano-y-suena-con-la-vuelta-olimpica-nid23052026/

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