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Éxtasis por cocaína: el trueque narco que abre un nuevo mercado en la Argentina

La camioneta Opel Combo cruzó el Atlántico en la bodega de un buque que zarpó del puerto de Amberes, en Bélgica. Cuando llegó a la terminal de Zárate, el escáner de la Aduana detectó densid...

La camioneta Opel Combo cruzó el Atlántico en la bodega de un buque que zarpó del puerto de Amberes, en Bélgica. Cuando llegó a la terminal de Zárate, el escáner de la Aduana detectó densidades anómalas en su estructura. Al desarmar el tanque de combustible y los paneles de las puertas, aparecieron 38 botellas plásticas y 49 paquetes: 52 kilos de cristales de MDMA de máxima pureza, suficientes para fabricar cerca de un millón de pastillas de éxtasis.

La ministra de Seguridad Nacional, Alejandra Monteoliva, lo presentó como “el mayor secuestro de drogas sintéticas de la historia argentina”. La causa, a cargo del Juzgado Nacional en lo Penal Económico N° 2 de Gustavo Meirovich, comenzó en marzo con una alerta de la DEA. Ese aviso hablaba de una organización mexicana que planeaba ingresar por vía marítima 300 kilos de metanfetamina, pero luego el secuestro fue por una cantidad menor.

Hubo tres detenidos —un mexicano, un argentino radicado en Salta y un venezolano—, un cuarto que fue atrapado días después en Bolivia y un quinto sospechoso, un mexicano apodado Buen Rostro, con pedido de captura internacional. Se presume que detrás de esa operación podría estar el Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG), uno de los más poderosos del mundo.

Solo unos días después, la Policía de Entre Ríos detuvo a seis brasileños tras un operativo en el que secuestraron 40 kilos de metilendioximetanfetamina y 10.000 pastillas de éxtasis ocultos en las ruedas y dobles fondos de tres vehículos.

Detrás de estos dos impactantes y recientes casos asoma una pregunta: ¿Por qué la droga sintética empezó a viajar en sentido inverso a la cocaína desde los mismos puertos europeos que la reciben?

La hipótesis que manejan calificadas fuentes judiciales que siguen de cerca el tema señala algo que empieza a tomar forma en distintos expedientes: las organizaciones criminales europeas están pagando con drogas sintéticas los cargamentos de cocaína que compran en Sudamérica. El éxtasis no sería solo una mercadería más, sino la moneda de un trueque que evita mover dinero.

En el Informe Europeo sobre Drogas 2025, la Agencia de la Unión Europea para las Drogas (EUDA) advirtió sobre el uso de la ruta inversa de la cocaína —de Europa hacia América Latina— con indicios de que se intercambiaba MDMA por cocaína. Un informe conjunto con Europol fue más lejos: en algunos casos, delincuentes europeos y latinoamericanos acuerdan trueques sin transacciones monetarias. Una sospecha que aflora es que prefieren perder la droga y no quedar ligados a transacciones que en algún punto de la cadena pueden delatarlos.

A mediados de la década pasada, redes turcas y neerlandesas cambiaban heroína por éxtasis, y ese intercambio ayudó a construir el mercado turco de MDMA, hoy uno de los mayores de Europa.

Los grandes puertos del norte de Europa, como los de Amberes y Róterdam, son la puerta de entrada de la cocaína sudamericana. Allí también se concentra la producción de MDMA, con precursores que les llegan desde India y China. Los mismos barcos, intermediarios y contactos portuarios que llevan cocaína a Europa pueden cargar estupefacientes sintéticos en el viaje de regreso.

El caso que mejor ilustra el mecanismo en Europa se conoció en julio de este año, dos meses antes del hallazgo en Zárate. La Policía Nacional de España y la policía de Países Bajos incautaron 947 kilos de MDMA, el mayor decomiso de esa droga en la historia del continente. Hubo 15 detenidos, 12 de los cuales ya cuentan con prisión preventiva.

La droga estaba escondida dentro de una grúa que iba a salir del puerto de Amberes —el mismo desde el que partió la camioneta que llegó a Zárate— con destino a Ghana. Desde allí, según los investigadores, el cargamento seguiría hacia Sudamérica. Una fuente de la Justicia federal argentina señaló a LA NACION que informes de inteligencia advertían que su destino final era Buenos Aires.

La Policía Nacional de España describió que la organización, asentada en la Costa del Sol, enviaba el MDMA a distintos países latinoamericanos, donde lo usaba como medio de pago para adquirir cocaína. Esa cocaína después entraba a Europa por puertos españoles. Es el trueque que describe la fuente judicial argentina, en este caso documentado en una causa con casi una tonelada de droga.

En la Argentina, el mecanismo ya quedó por escrito en una causa federal de Misiones. En junio de 2023, Gendarmería secuestró 23 kilos de éxtasis en las valijas de dos pasajeros de un micro que iba desde Bernardo de Irigoyen —en la “frontera seca” con Brasil— hacia la terminal de Retiro. Ese hallazgo fue el hilo de una investigación que la fiscal federal de Posadas, Silvina Gutiérrez, y el fiscal de la Procuraduría de Narcocriminalidad (Procunar) Martín Uriona desarrollaron durante más de un año.

En octubre de 2024 pidieron detenciones y el embargo de bienes de ocho integrantes de una organización que operaba en la Argentina, Brasil y Paraguay. Los reclutados viajaban primero a Asunción o a San Pablo, donde ingerían cápsulas de cocaína. Desde allí volaban a España o Francia para entregar la droga. Regresaban al país en micros de larga distancia desde Brasil con las valijas cargadas de éxtasis.

El dictamen de los fiscales describe la maniobra como contraprestación por la cocaína entregada en destino; la organización recibía drogas sintéticas, como MDMA, que luego se distribuían en distintos puntos de la Argentina. No había pago en efectivo en ese tramo del negocio: la cocaína se cobraba en éxtasis.

La causa quedó en manos de la jueza federal María Verónica Skanata. Es, hasta ahora, la descripción judicial más precisa del trueque en territorio argentino. Su escala es la de las “mulas”, no la de los contenedores, pero muestra que la lógica ya funciona en la región.

En mayo de 2024 se conoció la causa contra una banda que mandaba “mulas” a Europa a buscar valijas con éxtasis. Entre los procesados por ese caso está Ignacio Actis Caporale, alias Ojito. Los investigadores sospechan que el proveedor, a quien los integrantes llamaban el Alquimista, vive en Europa.

En enero de este año, otra investigación expuso a una red de narcos caribeños acusada de importar MDMA desde Europa hacia la Argentina y Paraguay, y de fabricar pastillas para el mercado local y el uruguayo. Hace un mes, el Departamento Federal de Investigaciones de la Policía Federal Argentina (PFA) detuvo a cuatro integrantes de una estructura dedicada a exportar cocaína y drogas de diseño a Europa. Les secuestraron 8500 pastillas de MDMA y materiales para fabricar sintéticos.

La ruta terrestre también está activa. El martes pasado, la Policía de Entre Ríos secuestró 40 kilos de cristal de MDMA y 10.000 pastillas de éxtasis en tres autos con patente brasileña, sobre la ruta 14. Los seis detenidos son brasileños y, según la investigación, el recorrido había salido de Río de Janeiro y pasado por Paraguay. La causa está en el Juzgado Federal de Concordia.

Las cifras previas ya mostraban la tendencia. Entre 2019 y 2022 se interceptaron al menos 1,2 toneladas de MDMA enviadas desde Europa hacia América Latina, según la Organización Mundial de Aduanas. La Argentina fue destino de 117 kilos.

Si el éxtasis funciona como moneda para pagar la cocaína, cada cargamento que sale hacia Europa puede abrir la puerta a otro lote de drogas sintéticas en sentido contrario. La consecuencia previsible es un aumento de la oferta de estas drogas en la Argentina y en la región.

El Informe Mundial sobre las Drogas 2026 de la ONU ubica a la Argentina y Chile, junto con Canadá, como los principales lugares con laboratorios de éxtasis desmantelados fuera de sus zonas históricas de producción. El mismo informe señala al país como uno de los centros de circulación del tusi, la mal llamada cocaína rosa, un cóctel que suele combinar ketamina, MDMA y metanfetamina.

Los cargamentos recientes confirman ese giro hacia la producción local. Tanto en Zárate como en Entre Ríos llegaba cristal de MDMA, la materia prima para prensar pastillas en el país, y no solo comprimidos terminados. El cristal es hoy la droga más cara del mercado argentino: supera los 50.000 pesos el gramo, por encima de la cocaína.

Los datos de consumo son más difíciles de seguir porque las encuestas nacionales cambiaron de metodología. Pero la última serie comparable mostró que la prevalencia de consumo de éxtasis creció un 230% entre 2011 y 2017. Con más oferta, un producto más barato de fabricar en el país y rutas ya aceitadas por la cocaína, los investigadores anticipan que esa curva seguirá subiendo.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/seguridad/extasis-por-cocaina-el-trueque-narco-que-abre-un-nuevo-mercado-en-la-argentina-nid27092026/

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