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En La Lucila, visitamos una casa en tres niveles con un enorme muro-cortina y guiños a la arquitectura moderna

“Este mundo de diseñadores y decoradores que solo dibujan y pintan debe convertirse en un mundo de gente que construye”. La frase pertenece a Walter Gropius y fue incluida en el manifiesto de ...

“Este mundo de diseñadores y decoradores que solo dibujan y pintan debe convertirse en un mundo de gente que construye”. La frase pertenece a Walter Gropius y fue incluida en el manifiesto de la Bauhaus, la influyente escuela de diseño alemana que el arquitecto fundó en 1919 para eliminar la brecha entre artistas y artesanos y promover un diseño simple, funcional y despojado de ornamentos, que rápidamente sentaría las bases del Movimiento Moderno.

Cuando entró en esta casa por primera vez, la diseñadora de interiores Carla Barconte, fundadora de Estudio Plök, viajó a aquel siglo XX a través de las formas básicas, los volúmenes puros, los materiales industriales, el enorme muro-cortina, la ausencia de decoración innecesaria y una paleta neutra que solo incluía algunos acentos de color. Entonces entendió que debía asumir ese rol activo y responsable que proclamaban los modernos.

Construir desde la continuidad

El desafío para Barconte fue respetar esa esencia que la conmovió, haciendo ajustes que se alinearan a la sobriedad arquitectónica y respetaran la propuesta material y cromática, incluso introduciendo piezas de mobiliario contemporáneo. Ser efectivamente alguien que construye, pero desde la continuidad.

Para el paisajismo, el Estudio Plök convocó a Tomás Nadares, quien se animó a llevar los canteros desde el acceso hasta el interior, aprovechando que originalmente la losa se separaba de la medianera.

“El primer gran pedido fue volver la casa segura para los chicos, porque el diseño original priorizaba el detalle arquitectónico, con rajas de luz, aberturas en la escalera y separaciones entre la losa y la medianera”, recuerda Barconte.

El largo pasillo conduce al jardín; girando levemente a la izquierda, están la cocina y el comedor, integrados.

Un playroom subterráneo

“Este espacio tuvo otro desafío no tan divertido: combatir la humedad interior que trasladaba la pileta, sin poder vaciarla, ya que la ventana había sido colocada a presión. Tras intentos fallidos con distintos productos, terminamos construyendo un doble muro con hendijas de respiración”, recuerda la diseñadora.

“El recorte de la pileta me recordó automáticamente a la obra del artista argentino Leandro Erlich, cuyas experiencias inmersivas exploran lo lúdico. Nos permitimos avanzar sobre esa base más osada y llevar color al mueble de la TV, algo que no sucede en el equipamiento del resto de la casa”.

Cocina y comedor en planta baja

Los tensores que resguardan la escalera se pintaron de blanco como toda la estructura.

“Las lámparas elegidas para la cocina (un diseño original del danés Poul Henningsen para la marca Louis Poulsen) hacen eco de la arquitectura regulada por grillas y ritmos de líneas puras. Geometría simple y repetición modular”.

Primer piso: living entre muros

El living mantuvo su tamaño y posición original: en el primer piso y con vistas elevadas al jardín. El volumen de aire y luz determinado por la escalera queda al descubierto en cada nivel.

Los sillones ‘Wassily’, un diseño del húngaro Marcel Breuer, hacen otro guiño a la geometría esencial del modernismo Bauhaus que flechó a Carla Barconte.

La impactante verticalidad del estar entre muros-cortina se potenció con una enredadera que acompaña las ventanas de punta a punta, tensores esbeltos que encuadran (y protegen) el recorrido de la escalera y lámparas que cuelgan desde la triple altura, con un inicio casi difuso.

Planos detallados: qué se hizo

• Se protegieron los huecos que había entre la losa y la medianera (algunos con estructura metálica, otros con hormigón); y también la escalera, con tensores metálicos.

• Se destacó la profundidad del terreno con un cantero lateral que empieza en la calle y termina en el fondo del jardín, atravesando el interior de la casa.

• Se amplió la cocina hasta la medianera, donde antes existía un paso de servicio.

• En el segundo nivel, construyeron dos cuartos en espejo, cada uno con su baño (antes, eran dos ambientes divididos por una puerta corrediza).

• En el último piso se hizo una nueva master suite con un vestidor que empieza en el cuarto y continúa dentro del baño.

• Se domotizó la casa en su totalidad; eso incluyó el sistema de aire acondicionado central y la manipulación de cortinas sunscreen para compensar el ingreso del sol en verano.

Cuartos

Se integró una parte del vestidor al baño a través de una isla central que sirve de apoyo y guardado para ambos sectores. Además, hilvana materiales: la madera oscura de los placares se repite en el fondo de cama y la mesada del mueble es la misma que la de las bachas.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/revista-living/en-la-lucila-visitamos-una-casa-en-tres-niveles-con-un-enorme-muro-cortina-y-guinos-a-la-nid28062026/

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