El peronismo cordobés busca una reconfiguración con las herederas de De la Sota
CÓRDOBA.− A casi ocho años de la muerte del tres veces gobernador de Córdoba José Manuel de la Sota, la construcción que durante años fue uno de los ejes del poder del peronismo cordobés s...
CÓRDOBA.− A casi ocho años de la muerte del tres veces gobernador de Córdoba José Manuel de la Sota, la construcción que durante años fue uno de los ejes del poder del peronismo cordobés sobrevive repartida entre dirigentes que permanecieron dentro del oficialismo provincial, otros que se alejaron y un sector que encontró en la diputada nacional Natalia de la Sota la posibilidad de recuperar una identidad política propia.
Hace unos días se sumó la posibilidad de que la periodista Candelaria de la Sota, hija mayor del exgobernador, también se dedique a la política. Ella organizó el homenaje a su padre del martes pasado y dijo que decidió hacerlo porque “nunca había tenido uno a nivel nacional. El espíritu fue ”recuperar el país que él imaginaba”. En contacto con LA NACION, explicó que tomó como base “Puentes”, un ciclo televisivo ideado y grabado por el “Gallego” que no alcanzó a emitirse.
También esos contenidos −que en algún momento pueden terminar de editarse y difundirse− serán el eje de un streaming que hará Candelaria de la Sota con el nombre “Tomar la posta”. “Es como recoger el guante, retomar las ideas para un país mejor”, afirmó la periodista.
Candelaria dijo que invitó al homenaje a “todos” los dirigentes del peronismo. Solo hablaron el politólogo Federico Zapata; Santiago Siri, experto en tecnología; y el economista Martín Redrado, “con quien De la Sota hablaba mucho en los últimos tiempos”, según dijo.
También hubo un mensaje grabado del padre Pepe Di Paola (“otra fuente de diálogo”) y uno de José Luis Manzano, el empresario que en los años ’80 fue “compañero de la Renovación peronista”. Por ese espacio, De la Sota llegó a ser el compañero de fórmula de Antonio Cafiero, el gobernador bonaerense que cayó derrotado en la interna del PJ en 1988 con la dupla Carlos Menem−Eduardo Duhalde.
En agosto del año pasado, Natalia de la Sota −quien ocupaba una banca en el Congreso por “Hacemos por Córdoba”, el oficialismo provincial− anunció su salida de ese espacio y lanzó “Defendamos Córdoba”. Se alió con el Frente Grande y el Partido Laborista y así generó un escenario inédito para el peronismo local desde la creación de la sociedad que llevaron adelante su padre y Juan Schiaretti, y que hoy encabeza el gobernador Martín Llaryora.
El cordobesismoEl denominado cordobesismo exhibió, después de mucho tiempo, grietas en su interior. La estructura de Llaryora ya tiene sello propio y la amplió a sectores del radicalismo y de Pro. El año próximo deberá decidir si los libertarios serán sus aliados electorales o si regresará a las fuentes del peronismo. En tanto, Schiaretti desembarcó este año en la Cámara de Diputados tras una fallida campaña presidencial en 2023.
Natalia de la Sota no solo abandonó el espacio, sino que se cruzó con Schiaretti. El exgobernador, entonces cabeza de la lista a diputados de Provincias Unidas, señaló que ella prefirió irse “al kirchnerismo”. Natalia de la Sota planteó que creía que “le mentían” a él y que ambos estaban en “posiciones distintas desde que Schiaretti hizo un acuerdo con Milei”. Es una pelea entre los apellidos fundadores de la sociedad política.
Natalia de la Sota quedó tercera en la elección legislativa de 2025, con el 8,75% de los votos, y retuvo su banca. “Hoy empieza una etapa de renovación en Córdoba”, dijo esa noche. Desde entonces, no hay acercamiento con el peronismo de Llaryora y Schiaretti. En cambio, la diputada trabaja en la construcción de “una alternativa” a los libertarios, pero también al kirchnerismo, con dirigentes como Juan Manuel Olmos, Victoria Tolosa Paz y Guillermo Michel.
Camino interrumpidoJosé Manuel de la Sota construyó su poder a partir de 1998, cuando logró romper la hegemonía radical y llevó al peronismo al poder en la provincia con Unión por Córdoba, una alianza que excedía al PJ e incorporaba partidos de centro y centro-derecha, y se apoyaba en una idea de peronismo provincial con autonomía de Buenos Aires. En 2003 fue reelegido; luego lo sucedió Schiaretti. Regresó a la gobernación en 2011 y, después, de nuevo se sucedieron dos mandatos de “El Gringo”. En 2023 llegó Llaryora.
Esa sociedad tuvo fisuras que los integrantes supieron disimular, pero en Córdoba ya se hablaba de la interna entre “delasotistas” y “schiaretistas”. En septiembre de 2018, cuando De la Sota murió en un accidente de auto, estaba trabajando activamente con la intención de ser candidato a presidente y armar una opción frente al macrismo. No era el mismo camino, por cierto, que había elegido Schiaretti.
Meses antes de morir, De la Sota había tenido un encuentro con Máximo Kirchner en el intento de alcanzar una “unidad más amplia” del peronismo. Su vínculo con Néstor y Cristina Kirchner había tenido momentos de acercamiento y también de confrontación, pero pensaba que podía generarse una alianza amplia, como la que en su momento logró en Córdoba. En la misma sintonía pensaba en su afinidad con Sergio Massa.
Ahora, ocho años después, el núcleo más claramente identificado con la tradición política de De la Sota encontró en su hija Natalia, la diputada nacional, una referencia. Ella construyó un perfil propio y no descarta ser candidata a gobernadora, mientras mira los armados nacionales en marcha. La aparición en escena de Candelaria, la otra hija del exgobernador, generó sorpresivamente la semana pasada una foto de unidad en el peronismo como no se veía desde mucho tiempo atrás.