
Constancio Vigil. Las fotos de la emotiva despedida en el cementerio de la Recoleta
Hoy, minutos después del mediodía, más de doscientas personas se reunieron en el Cementerio de la Recoleta de la ciudad de Buenos Aires para despedir los restos de Constancio Vigil, el empresari...
Hoy, minutos después del mediodía, más de doscientas personas se reunieron en el Cementerio de la Recoleta de la ciudad de Buenos Aires para despedir los restos de Constancio Vigil, el empresario de medios que murió el pasado 29 de julio mientras viajaba a Miami desde Montevideo. Tenía 86 años.
Acompañados por sus más íntimos, su mujer, Liliana Pata, y sus hijos Constancio (59), Pilar (58), Ana María (56) y Pablo (52) –de su primer matrimonio con Ana María Baudrix (quien también estuvo presente)– fueron los primeros en llegar a la pequeña capilla del cementerio.
Allí, el padre franciscano Diego Morea –amigo de la familia– le dedicó unas emotivas palabras a Vigil. “Constancio era un ‘grosso’, el CEO más sensible y solidario que conocí en mi vida. Él siempre me ayudó a ayudar a otros. Recuerdo que una vez lo llamé para contarle que tenía trece personas con adicciones en Córdoba y no tenía dónde internarlas. Él enseguida llamó al gobernador y le pidió una mano haciéndose cargo de todos los gastos. Bueno, les tengo una noticia: esas trece personas hoy están casadas, viven con sus hijos y ya no consumen. Todo eso fue gracias a Constancio, un hombre de fe y, como dice su hijo Costi, que tuvo mil vidas en una vida”, expresó el religioso.
A continuación, Morea leyó una elegía escrita por la viuda, Liliana. “Hoy nos toca despedir a un hombre para el cual no es fácil encontrar palabras que puedan definirlo. No era común. Era, por el contrario, una persona que despertaba admiración. Era un ser inquieto, dinámico, apasionado por todo lo que hacía, emprendedor y amigo de sus amigos, que lo seguían en cada uno de sus proyectos sin dudarlo. Lo bueno era juntarse y escuchar sus anécdotas”, escribió ella, y continuó con palabras dirigidas a su gran amor: “Te fuiste sin darte cuenta, feliz, muy feliz y en pleno viaje. Nos dejás a todos un gran dolor, pero nos queda el recuerdo de un hombre diferente, culto, educado, caballero, padre y amigo, elegante como pocos. Como alguien dijo muy acertadamente, con un perfume que sin dudas llegó al Cielo. Hoy despedimos a este gran hombre con la calma de saber que alcanzó el Cielo y el inmenso dolor de tener que aprender a vivir sin él”, concluyó el mensaje de Liliana, en la voz de Morea.
Tras la ceremonia, el cortejo continuó hasta la bóveda de la familia Vigil. Los periodistas Pablo Sirvén, Mariana Arias y Chiche Gelblung, y los empresarios Santiago Soldati, Rodolfo D’Onofrio y Gustavo Yankelevich –que asistió con su mujer, Rossella Della Giovampaola-, fueron algunas de las figuras que acompañaron a Constancio en su último adiós.
UN EMPRESARIO APASIONADO POR SU FAMILIAConstancio Carlos Vigil era nieto del fundador de Editorial Atlántida y por décadas formó parte esa empresa familiar dedicada a la publicación de libros y revistas. Se desempeñó como director ejecutivo de varias publicaciones, entre ellas El Gráfico, y además fue uno de los propietarios de Telefé y de Radio Continental.
Además de ser un gran apasionado por el golf -llegó a integrar la comisión directiva del Buenos Aires Golf Club-, amaba la vida familiar.
Tuvo seis hijos y diez nietos. De su primer matrimonio con Ana María Baudrix, nacieron Constancio (Costi), Pilar, Ana María (Mary) y Pablo. Con su segunda mujer, Liliana Pata, con quien se casó en 2007, fue padre de Emma Celeste (2) y Carlitos, de casi un año.
El pasado 29 de julio, Constancio partió desde Montevideo -vivía en Uruguay desde 2020- hacia Miami con el sueño de ver jugar a Lionel Messi con la camiseta del Inter y encontrarse con él. “Estaba en plenitud y muy contento por ver a Messi”, reveló su hijo mayor, Costi.
Sin embargo, después de tomar un desayuno en pleno vuelo, el empresario ya no despertó.
La noticia de su muerte la dio Costi a través de las redes sociales con un sentido saludo final: “¡Hasta que nos volvamos a ver, viejo!”.