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Brasil: sabor amargo

Hasta hace pocos días, Brasil era una fortaleza inexpugnable que consolidó una democracia moderna refundada por los presidentes José Sarney, Fernando H. Cardoso y Luis Inácio Lula da Silva, qui...

Hasta hace pocos días, Brasil era una fortaleza inexpugnable que consolidó una democracia moderna refundada por los presidentes José Sarney, Fernando H. Cardoso y Luis Inácio Lula da Silva, quienes, en los últimos 35 años, consolidaron la “alternancia con diversidad” . El mundo estaba esperando el pronunciamiento de las urnas, entendiendo que era igualmente creíble un Brasil presidido por Lula o por Bolsonaro. La confusión transitada en apenas una pocas horas generó una “luz amarilla”, con un tufillo a arbitrariedades, venganzas y tensiones que produjeron alteraciones en el valor de las acciones -a la baja- y la cotización del dólar -a la suba- y un clima de “falta de credibilidad” en la ecuanimidad del Poder Judicial brasileño.

El episodio de la “salida” del senador Bolsonaro del territorio brasileño produjo varias interpretaciones: desde Lula, la “fuga” de Bolsonaro. Desde Bolsonaro, la victimización de la “persecución”. Desde Milei, la “cooperación” con su amigo. Y desde Trump, el “padrinazgo” sobre toda la región en un tercer operativo de “intervención” directa en sólo un año: Maduro, María Corina Machado y ahora, Flavio Bolsonaro. Interpretaciones “a la carta” que nos muestran débiles y sujetos a una conducción única ejecutada desde Washington. Que los EE.UU. son la potencia hegemónica en el mundo y en nuestro hemisferio en particular, no queda duda alguna, pero existe lugar para que nuestra región -Mercosur+Chile- tenga voz y voto en el escenario mundial. Hoy estamos lejos de ese protagonismo…todavía no están normalizadas las relaciones diplomáticas entre Chile y Bolivia; no tenemos embajadores entre la Argentina y Brasil; estamos cultivando un ridículo conflicto con Chile por el Estrecho de Magallanes, y Paraguay no tiene todavía relaciones diplomáticas con China, mayor socio comercial de la región.

Esperemos que esta señal “amarilla” no dé lugar a una “roja”, y que podamos recuperar la luz “verde” de la consolidación de la integración regional, que nos permitiría aunar a nuestra gran extensión geográfica compartida -16 millones de km cuadrados- la fuerza de nuestros 300 millones de habitantes y el récord de reservas aquíferas, de alimentos, de energía y minerales.

Tenemos un “destino manifiesto” a la vuelta de la esquina, sólo tenemos que decidirnos a dar el paso para adelante. Por el presente y futuro de nuestros pueblos, no tenemos el derecho de equivocarnos.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/opinion/brasil-sabor-amargo-nid04112026/

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