Atlético Mineiro, un conocido de los argentinos que pasó del recelo a la ilusión con el técnico Eduardo Domínguez
El 21 de noviembre, en el estadio Metropolitano de Barranquilla, Atlético Mineiro será el rival de Boca en la final de la Copa Sudamericana. Un conocido de los clubes argentinos, un equipo que ll...
El 21 de noviembre, en el estadio Metropolitano de Barranquilla, Atlético Mineiro será el rival de Boca en la final de la Copa Sudamericana. Un conocido de los clubes argentinos, un equipo que lleva la marca del director técnico Eduardo Domínguez, que pasó de las miradas de reojo y la desconfianza a convertirse en un líder aceptado por el vestuario y los torcedores del Galo. Será la décima instancia decisiva en un certamen internacional que organiza la Conmebol para el club de Belo Horizonte, que en su historia alzó la Copa Libertadores, la Recopa y la Conmebol. El trofeo que estará en juego en territorio colombiano no figura en sus vitrinas y los Xeneizes se ofrecen como un desquite, tras la derrota de 2025 ante Lanús.
“Contentos de jugar una final y de llegar bien, porque llegamos bien de la cabeza. Sabemos del poderío que tiene Boca en su país y dentro del continente, pero tenemos tiempo para empezar a trabajar. Tenemos muchos partidos ahora como para estar pensando en la final. La final es el 21 de noviembre, no antes. Si no, estaríamos en un error: ahora tenemos que preparar el partido con Flamengo por el campeonato y tenemos que pensar partido a partido, porque también tenemos las semifinales de la Copa do Brasil, que también es muy importante para nosotros”, apuntó Domínguez, tras la clasificación.
Domínguez, O Barba, como lo definen los hinchas, asumió a fines de febrero para reemplazar a Jorge Sampaoli. En Cidade do Galo, el búnker de la Argentina en el Mundial 2014, el entrenador empezó a entender el sentir y la pasión de los que forman la familia de Atlético Mineiro. Pero el arranque del ciclo tuvo en la derrota y el escándalo ante Cruzeiro, en la final del Campeonato Mineiro, un temblor de esos que socavan las esperanzas. Atlético Mineiro no descubría la idea y en abril, después de una dura derrota por 2-0 frente a Coritiba, la continuidad entró en una zona de turbulencias. La Copa Sudamericana ya tenía un recorrido de dos fechas y el equipo arrastraba un tropiezo en el estreno con Puerto Cabello (Venezuela) y una victoria sobre Juventud de Las Piedras (Uruguay).
Los hinchas extrañaban los días de Hulk y Guilherme Arana, ahora ambos en Fluminense, y a Junior Alonso, actualmente en Atlanta United. Las contrataciones de Renan Lodi (con el pase en su poder desde Al-Hilal, de Arabia Saudita), el colombiano Mateo Cassierra (Zenit, de Rusia), y el ecuatoriano Alan Minda (Brujas, de Bélgica) no ilusionaban y a mitad de año, Atlético Mineiro volvió a intervenir en el mercado de pases: Kevin Castaño (River), Thiago Borbas (Bragantino), Léo Duarte (Istanbul BB), Ruan Tressoldi (Sassuolo) y el regreso de Rómulo (Sporting de Lisboa), las nuevas caras para Domínguez, que utilizó el parate del Mundial 2026 como una pretemporada y logró imponer su impronta.
“Nos costó un poquito entender lo que nos pedía, es verdad. El plantel entendió lo que él quiere y, sobre todo, abrazó esa idea”, reconoció Bernard, uno de los referentes del vestuario y un líder en el campo de juego. Los resultados resaltan el nuevo rumbo: triunfos sobre Palmeiras y Fluminense, empate de visitante ante Athletico Paranaense –tres de los mejores cinco del Brasileirão-; victoria frente a Cruzeiro en la Copa do Brasil –dos semanas antes de jugar con Boca disputará las semifinales con Gremio-; ganó el Grupo B de la Copa Sudamericana y en los mata-mata internacionales con rivales de su país eliminó a Bragantino y luego a Santos, en un desenlace emotivo, con un gol en tiempo de descuento del argentino Tomás Cuello para remontar una desventaja: derrota 2-0 en la ida y éxito 4-2 en el desquite y festejo en la definición por penales.
Montevideo City Torque y Atlético Mineiro pudieron ser clubes bajo el mismo paraguas, porque el City Group –holding que tiene como accionista mayoritario al jeque Mansour bin Zayed Al Nahyan- adquirió el club uruguayo en 2017 y cinco años después se interesó por el Galo, que es controlado por un grupo de empresarios y mecenas conocidos como 4R’s. La llave de las semifinales se resolvió en el primer juego, con un contundente 3-0, aunque Domínguez no desatendió la revancha y optó por una alineación alternativa ante Coritiba y priorizó el viaje a Uruguay. No le faltó razón: los charrúas, con dos goles en los últimos seis minutos, abrazaron una ilusión y le sumaron emotividad y suspenso a una participación histórica. El marcador global de 3-2 demostró dos caras del Galo: avasallante en su cancha, especulador en el Centenario.
Para las semifinales, la lista de lesionados debilitó a la estructura en nombres: no estuvieron disponibles el arquero Éverson, Gustavo Scarpa, Fred y los refuerzos Cassierra, Ruán Tressoldi y Borbas. En el Centenario, el guardavalla Gabriel Delfim tuvo tres atajadas sobresalientes y una recuperación asombrosa a un error propio en el primer tiempo, donde los uruguayos marcaron el pulso apurado por la urgencia.
Atlético Mineiro ejecutó un desarrollo cauteloso, administró la ventaja, y dejó un par de pinceladas de su capacidad ofensiva, como el remate en el travesaño de Renier, luego de una acción colectiva en la que hubo asociación de pases y movimientos sin pelota para dejar el delantero de frente al arco. El punto negativo fue la expulsión de Alan Franco -se perderá la final-, que abrió el camino para el asalto de Montevideo City Torque, que con los tantos de los defensores Kevin Silva y Gary Kagelmacher se impuso por 2-0, aunque le faltó un gol para llevar la definición a los penales. El aplauso de los hinchas marcó el reconocimiento al esfuerzo y a la campaña.
A pesar del susto, el plantel descubrió el plan de Domínguez y se adaptó a su idea. El proceso de adaptación enseña una comunión, como el diálogo abierto entre futbolistas y cuerpo técnico para encontrar soluciones en medio de un partido. El entrenador, además, intensificó el aprendizaje del idioma y en las conferencias de prensa responde en portugués. Con sus argumentos futbolísticos, trabajos, charlas y resultados, convenció a un vestuario de sus métodos y Atlético Mineiro jugará la final de la Copa Sudamericana. La tercera en los últimos tres años, porque en 2024 protagonizó el juego decisivo de la Copa Libertadores ante Botafogo en el Monumental y el año pasado fue rival de Lanús, en la Copa Sudamericana.
“Paciencia y organización”, pidió en la pausa de hidratación Domínguez, que se retiró del Centenario disconforme con ese desenlace que puso en riesgo la ventaja de tres goles. Las dos palabras que utilizó en la cancha son las mismas que emplea en el vestuario y en las conversaciones con los responsables del fútbol del Galo, los que compraron un proyecto y ahora sueñan con coronar con un título.