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Antequera, la ciudad española de los dólmenes de la Edad de Bronce

Uno de los máximos exponentes del megalítico en Europa, un poderoso testimonio del pasado remoto, es el Conjunto Arqueológico Dólmenes de Antequera, esencialmente integrado por tres sitios cult...

Uno de los máximos exponentes del megalítico en Europa, un poderoso testimonio del pasado remoto, es el Conjunto Arqueológico Dólmenes de Antequera, esencialmente integrado por tres sitios culturales y dos naturales. Conocer estos emplazamientos es una experiencia turística única y diferente, como lo es recorrer su Alcazaba con vestigios romanos, sello musulmán y modificaciones cristianas.

Situada en el corazón de Andalucía y a poco menos de una hora de Málaga –unos 57,3 km–, Antequera es territorio fértil de olivares, viñedos, formaciones geológicas curiosas y paisajísticas rutas donde cada tanto se divisa la silueta de un legendario Toro de Osborne.

Saliendo del centro urbano hacia el noreste y avanzando por el hermoso paisaje serrano unos 2 km, se llega al emplazamiento de dólmenes antiquísimos, pertenecientes al neolítico, lo que implica que fueron realizados y usados hace 6.000 años.

Llegar a los dólmenes de Antequera e ingresar es un viaje a la Edad de Bronce y al misterio de esta necrópolis y otros yacimientos cercanos. Grandes bloques de piedra colocados verticalmente (ortostatos) y otros similares, adintelados como losas de cubierta, conforman una galería megalítica tapada por túmulos de tierra. Son fantásticas obras arquitectónicas de la prehistoria europea: Menga, Viera y Tholos de El Romeral.

El más fabuloso y arcaico es el primero –que mira hacia la Peña de los Enamorados–, donde al fondo de su pasillo, tras el último pilar, hay un pozo de 1,50 m de ancho y 19,5 m de profundidad cuya razón de ser es un enigma digno de alguna aventura de Harrison Ford como Indiana Jones o Tom Hanks como Robert Langdon en la saga fílmica de los libros de Dan Brown.

De acuerdo a una investigación arqueológica (Rafael Mitjana, 1847), Menga fue un templo druida de la civilización celta y en el foso no se encontró nada que sea una pista de cuál fue su uso. Otra exploración muchísimo más reciente, de 2005, tampoco arrojó luz. Incluso se piensa que quizás el pozo estuvo antes que el dolmen. En fin… el lugar es fantástico, entrar es una vivencia memorable y no en vano el complejo es Patrimonio Mundial de la Unesco desde 2015.

El dolmen más nuevo es Tholos de El Romeral, que se estima fue levantado entre el 3000 y 2200 a. C. y apunta hacia El Torcal. La particularidad constructiva es evidente por la complejidad de las hileras de bloques laterales y una cúpula donde la bóveda se forma por medio de la aproximación de cada hilera de piedras menores. Sorprende tanta destreza.

Los monumentos de la Naturaleza

La distinción patrimonial otorgada por la Unesco también valoró la relación visual con elementos característicos del entorno natural como son las formaciones montañosas La Peña de los Enamorados y El Torcal, antes citadas.

Según la explicación geológica, la primera es un sencillo peñón calizo a 874 m sobre el nivel del mar que cubre poco más de 100 hectáreas con una forma que parece el perfil de la cara de una persona acostada, cuya fisonomía o rasgos motiva que también se le conozca como El Indio. Pero el novelesco nombre oficial responde a una tradición popular que cuenta una fábula de amor.

Un muchacho cristiano irrumpió (allá lejos y hace tiempo) en las tierras moras de Granada, lo apresaron y reclutaron como servidor en una noble casa musulmana donde se enamoró de la hija de la familia… Como en un cuento, ella le correspondió, a escondidas. Hartos de las escaramuzas como amantes prohibidos, decidieron huir; pero los guardias del severo suegro los hostigaron hasta llegar a la formación rocosa ubicada a 12 km. Fue el último capítulo del idilio.

El escritor romántico estadounidense Washington Irving (autor de Cuentos de la Alhambra y Los buscadores de tesoros), que estuvo en el paraje en 1829, cuenta así el desenlace: “... desesperados y a punto de ser alcanzados por sus perseguidores, se arrojaron la hija del alcayde moro y su amante”. Se dice –como si fuera una telenovela– que primero se abrazaron y después se arrojaron al vacío desde la cima del peñón.

En cuanto al Paraje Natural de El Torcal, a unos 14 km del casco histórico, es un paisaje extraño fruto de la erosión de rocas calizas desarrollado a lo largo de 150 millones de años y con corredores rocosos cuyas formaciones esculturales naturales han motivado nombres, como El Tornillo.

Además, ideal para quienes hacen trekking o alpinismo, es disfrutar del silencio en caminatas para admirar un rico paisaje donde abundan especies vegetales y suelen avistarse algunos animales (cabras, zorros, águila real) que merodean.

Hubo una Antequera islámica y mucho más

El Recinto Monumental Alcazaba, erigido sobre una colina –lo cual permitía que los vigías escudriñaran el horizonte hacia los cuatro puntos cardinales– es una de las joyas de los antequeranos y ostenta el galardón de Bien de Interés Cultural desde 1985.

Mencionado también como “el Castillo”, es una fortaleza imponente de origen romano que adquirió relevancia cuando la ocuparon los árabes. La Torre Blanca se encuentra unida por un lienzo de muralla a la Torre del Homenaje, que está reforzada por dos contrafuertes donde sorprende la perfecta ejecución de su fábrica de sillería.

Erigido alrededor del siglo XII bajo el poder almohade, aquí residían el representante del califa y la guarnición militar. Luego de la conquista cristiana en 1410, el lugar fue influido culturalmente con varias edificaciones, principalmente por la Iglesia de San Salvador que –como fue habitual– se hizo sobre los restos de una antigua mezquita.

Hablando de lo religioso, otro de los aspectos relevantes de la comarca malagueña es una cifra que está unida a cómo se escuchan a menudo las campanas del casco histórico. Hablamos de un récord: es la ciudad española con mayor cantidad de iglesias por habitante. Algunas del temprano renacimiento, otras con matices barrocos… pero lo revelador es que cuenta con 33 iglesias, monasterios y conventos y solo tiene 41.178 habitantes (según cifras de 2023 del Instituto Nacional de Estadística hispano).

Vale mencionar al menos que en cualquier guía o folleto se puede elegir entre algunas iglesias renacentistas como San Pedro y San Sebastián o barrocas como la del Carmen –sede a la antigua parroquia de Santa María la Mayor–, la de Santa María de Jesús y Santo Domingo. Por otra parte, entre los palacios se distingue el de Nájera, un verdadero ejemplo de la arquitectura civil, propia de los sectores más poderosos de la ciudad y que en el presente es sede del Museo del ayuntamiento.

Los templos y palacetes sobresalen por contraste con otras edificaciones y viviendas dado que Antequera es otro de los pueblos blancos españoles por sus casas totalmente encaladas. Tanto que cuando pega inclemente el sol del mediodía –máxime si es verano– cuesta sacar fotos y hay que tratar de eludir la primacía luminosa y el contraluz.

“Todo en esta venerable ciudad tiene un sello decididamente español”, escribió Irving. Cierto.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/revista-lugares/antequera-la-ciudad-espanola-de-los-dolmenes-de-la-edad-de-bronce-nid09072024/

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