LOS GOBIERNOS Y EL RECONOCIMIENTO FACIAL

LOS GOBIERNOS Y EL RECONOCIMIENTO FACIAL

¿Seguridad o invasión de la privacidad?: la controversia sobre los sistemas de vigilancia

La privacidad y la seguridad como sinónimos es algo que emergió como concepto al mismo tiempo que las capacidades y avances tecnológicos permitieron que ya no sea necesario o no sea lo suficientemente seguro confiar en una cerradura, una reja o un candado para cuidar tu casa y haya que acudir a dispositivos que la mayoría de las veces está conectado a Internet. Y si bien se supone que este tipo de formas protegen nuestra privacidad, también son el punto de entrada para que cualquiera, en especial los gobiernos accedan a nuestra vida privada. Esto ocurre al mismo tiempo que países como China y Estados Unidos están cada vez más inmersos en la tecnología de reconocimiento facial, una de las más peligrosas hasta el momento.

¿Cuantas veces escuchaste los comentarios?: "El gobierno sabe todo de vos", y la respuesta: "no puede ser si yo no tengo nada que esconder y además no soy una persona interesante". Bueno no es tan así, todas las personas son importantes, ya lo demostró el fundador de Facebook, Mark Zuckerberg al dejar más que claro que los datos que más importan recolectar son el del común de la población, quienes no solamente utilizan la red social sino quienes también forman el futuro del país al acudir cada vez a los comicios y elegir un mandatario.

Entonces, si le interesa a Zuckerberg, ¿por qué no le va a interesar al gobierno? Esto es lo que explica Kade Crockford, trabajadora y activista por los derechos humanos y la defensa de las libertades civiles de privacidad en un marco de avance tecnológico, en su charla TED: "Cómo la vigilancia facial amenaza su privacidad y libertad". Todo comienza con una diferenciación entre la privacidad y los secretos, aunque no escondamos un gran secreto de estado, ni seamos terroristas en cubierto, todos tenemos privacidad y es un derecho.

En Argentina el mismo está dispuesto en el Artículo 19 de la Constitución Nacional: "Las acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofendan al orden y a la moral pública, ni perjudiquen a un tercero, están sólo reservadas a Dios, y exentas de la autoridad de los magistrados", explica la Ley Suprema del país. A su vez en Estados Unidos, el concepto se encuentra detallado en la Cuarta Enmienda. Aunque un detalle que ninguna de estas dos especifican es que sucede con la información que todos almacenamos en Internet, de la cuál no fuimos consientes hasta que estalló el escándalo de Cambdrige Analytica, Facebook y las elecciones norteamericanas de 2020.

Aunque al mismo tiempo, con la llegada de la tecnología y la necesidad de ponerla a prueba, parece ser que las persianas, las rejas y candados no son suficientes para proteger nuestra privacidad, y se elige darle lugar a cámaras de seguridad, sistemas de alarma, entre otras cosas. Aunque de lo que no nos percatamos es que todos esos dispositivos de alguna u otra forma se encuentran conectados a una red de Internet que al fin y al cabo puede ser hackeada como cualquier cuenta de mail o de Instagram. Este es el punto en el que hace énfasis la charla TED.

Sin embargo, más allá de los hackers existe algo más poderoso: el hecho de que los gobiernos estén utilizando la tecnología de vigilancia para supuestamente encontrar personas que busquen atentar contra el orden y cazar disidencias. Esto mismo ocurre en China desde el año pasado teniendo en cuenta que el gobierno de Xi Jinping instaló cámaras de reconocimiento facial en la Región Autónoma Uigur de Sinkiang(a 600 kilómetros de la capital): el territorio donde conviven miles de musulmanes, lo cuál no es compatible con las ideas ni con las preferencias del gobierno de Xi Jinping.

Si bien aquí se atenta contra la libertad religiosa y no es algo que llame la atención en China, conociendo las prácticas del Partido Comunista Chino, no debería ocurrir lo mismo en países cuya base es la democracia y la libertad, exacto estamos pensando en Estados Unidos. De acuerdo a lo que explica Crockford, las preocupaciones tendrían que ir más allá del reconocimiento facial, teniendo en cuenta que este tiene como objetivo encontrar a una persona específica. Lo más peligroso llega en forma de cámaras de vigilancia públicas que pueden estar en cualquier lugar en la calle.

Aunque al fin y al cabo se supone que tendría que ser para la seguridad pero, ¿quien asegura que ninguna autoridad lo este utilizando para conocer a la sociedad sin su aprobación? Así se puede saber qué compran, a dónde van todos los días, si forman parte de una organización política, si alguna vez ingresaron a un edificio donde se practican abortos, entre otras cosas. ¿Y lo peor de todo?: es algo difícil identificarlo y en consecuencia evitarlo porque no todos son consientes de lo que sucede y a la vez tampoco se pueden prohibir las cámaras de seguridad.

Por otro lado, uno de los puntos donde la charla decide hacer énfasis es en la importancia de la cara. "Si quiero evitar que me rastreen dejo mi celular en mi casa, pero mi cara no la puedo dejar antes de salir a la calle", explica y acierta Crockford en su exposición. Pero esto nos dirige directamente hacia una reflexión sobre la identidad personal de cada uno y el derecho y hasta el deber que tenemos de protegerla y de ponerla en práctica como sea que nos plazca. Nuestra cara es casi como el documento de identidad, es aquello que nos diferencia del otro: si, podemos estar todos influenciados por los mismos valores y costumbres impuestas por la sociedad, pero nuestros rasgos son lo que nos hace distintos entre sí.

Pero claro esto no tendría que ser utilizado para fines negativos y menos sin el consentimiento. Es por eso que en el caso de Estados Unidos, existen organizaciones como la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU por sus siglas en inglés) cuyo objetivo principal es movilizar y consientizar a la sociedad sobre esta y muchas otras prácticas que la mayoría del tiempo pasan desapercibidos.

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